FRENOS DELANTEROS

En esta ocasión vamos a revisar el estado de las pastillas de freno delanteras, que aunque en los coches actuales suelen llevar un indicador de desgaste, (una lucecita que se enciende en el salpicadero), no conviene confiarnos demasiado, pues suele fallar más que una escopeta de caña; tener en cuenta el barro, los vadeos, y la suciedad que se acumula en torno a las pinzas de freno, y no hay nada más desagradable que tener que cambiar los discos de freno por haberlos rallado, al apurar mucho las pastillas. En algunos casos se pueden tornear, pero no lo recomiendo, siempre es mejor un disco nuevo, bien equilibrado y con su grosor especificado. Los frenos son la vida.

Lo primero que debo advertiros es que debemos extremar las precauciones al manipular el sistema de frenos, pues el polvo de las pastillas de freno es cancerigeno, (contiene amianto), por lo que nos proveeremos siempre de una mascarilla de esas de pintor para no inhalar el mismo. No utilizaremos aire para soplar el polvo, podemos barrerlo con una brocha, o mejor con agua con un poco de presión, y procuraremos trabajar siempre en un local ventilado. Si no estamos seguros de algo mejor no tocar no vallamos a quedarnos sin frenos, pero  tranquilos es bastante sencillo, y observando unas reglas básicas no tendremos problemas.

Lo primero que debemos de hacer es quitar la rueda, para lo que aflojaremos la misma en el suelo, después, con el coche convenientemente calzado, procederemos a subirlo con el gato. Si utilizamos el que lleva el coche lo situaremos según explique el manual de uso y entretenimiento. Si el que tenemos es uno de carro, de esos de los talleres, más cómodo, lo situaremos debajo del diferencial delantero, o debajo de los triángulos de suspensión delanteros si nuestro coche lleva suspensión independiente. Si es un hi-lift lo apoyaremos en el parachoques delantero, pero mejor no utilizar el hi-lift para esto. Nos proveeremos de unos calzos para una vez subido el coche proceder a calzarlo, (la seguridad es lo primero), una vez quitada la rueda y con el disco de freno a la vista, giraremos la dirección si fuese preciso para tener un mejor ángulo de visión de la pinza y  las pastillas propiamente dichas; si miramos por la parte de atrás de la pinza de freno podremos ver las pastillas que abrazan al disco, estas suelen tener una ranura en su centro, si no se percibe o el grosor es muy fino, deberemos desmontarlas para sustituirlas. Para lo cual procederemos a limpiar bien la zona con la brocha con cuidado de no respirar el polvo, o con un chorro de agua a presión de la manguera del jardín por ejemplo; no pasa nada si se moja el sistema de frenos, secaremos los discos con un trapo para evitar la aparición de oxido, y si aparece un poco "no problem" en cuanto echemos a rodar desaparecerá. Generalmente en los extremos superior e inferior de la pinza habrá una chapa o pasadores, que sujetan las pastillas en su alojamiento, los cuales suelen llevar en sus extremos unas chavetas o clavijas, que deberemos extraer con ayuda de unos alicates de punta fina, y después con el martillo y un puntero plano deslizaremos horizontalmente las chapitas o pasadores quedando las pastillas libres en su alojamiento.

En otros casos se hace imprescindible soltar la pinza de freno, suele llevar los tornillos por detrás y debemos tener en cuenta que llevan par de apriete y generalmente masilla selladora; a la hora de proceder a su montaje si no conocemos el par de apriete o no disponemos de una llave dinamométrica untaremos las roscas con una masilla selladora (podemos encontrarla en ferreterías o tiendas de repuestos de automóviles), apretaremos bien pero sin abusar que se corren los tornillos.  Nos fijaremos antes de extraer las pastillas de su alojamiento si llevan algún resorte que las mantenga sujetas para evitar ruidos y vibraciones, (suele ser una pequeña chapita acerada, o un muellecito, que a veces se ofrece nuevo con el juego de pastillas), y en otros casos si no están deteriorados deberemos reutilizar los que llevamos.
Antes de extraer la pastillas de su alojamiento y una vez sueltas nos ayudaran a retornar el pistón de la pinza de freno a su posición original, si no, no cabrán las nuevas. Para lo cual pondremos un tubito de plástico de la cabeza del tornillo de purga de la pinza a un vote con un poco de liquido de frenos, para evitar que el circuito tome aire; abriremos el sangrador y con ayuda de un destornillador grande y plano haremos presión entre las pastillas y el disco hasta recoger completamente el pistón, cerraremos el sangrador y extraeremos las pastillas viejas y nos fijaremos bien que el aro guardapolvo que hay alrededor del pistón se encuentra en perfecto estado y en su sitio.

Si no fuese así deberíamos sustituirlo por uno nuevo, y procederemos a montar las nuevas que deberán caer sin esfuerzos en su alojamiento, procederemos a la inversa para montar las fijaciones de las mismas poniendo especial atención al montar los muelles o chapas antivibraciones, (por su tensión suelen dar un poco de lata, pero ya sabes más vale maña que fuerza). Una vez montadas echamos un vistazo al nivel del liquido de frenos reponiendo si fuese preciso, hasta el nivel máximo y pisamos el pedal de freno varias veces hasta que recobre su tacto habitual. Podemos hacerlo con el motor en marcha para que trabaje la ayuda de pedal, pero siempre con el coche parado. Si el tacto del pedal fuese esponjoso podríamos tener alguna burbuja de aire en el circuito; para extraerla soltaremos el sangrador de la pinza de freno tal como hicimos antes con su gomita puesta y sumergida en liquido y dejaremos salir el aire por su propio peso, vigilando siempre el nivel de liquido en el deposito, con esto suele ser suficiente. En casos más reticentes, procederíamos a sangrar el circuito bombeando desde el pedal, proceso que explicaremos en la próxima entrega donde veremos como revisar el sistema de frenos de las ruedas traseras que suele ser de tambor.




 
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