CRÓNICA DE UN EXTRAÑO VIAJE A MAURITANIA (y 2)

Este ha sido sin duda el viaje más extraño de los que he realizado. Los problemas siguen apareciendo y aparentemente todo lo que puede complicarse, incluso lo que no debería, se complica. Se suceden las averías, los retrasos… La incertidumbre pasa a ser protagonista de un viaje que, en cualquier caso, para bien o para mal es y será inolvidable.


Oasis de Terjit, cerca de Atar.


Terjit


Tras un desayuno reparador doy un largo paseo hasta el principio de las gargantas que albergan el oasis de Terjit. El continuo ascenso entre las palmeras tiene como recompensa una espléndida panorámica sobre las oscuras montañas del Adrar. El palmeral destaca como una fértil línea verde entre los ocres y marrones del terreno desértico. De vuelta al camping, tras recoger el material de acampada, recorremos de vuelta el tramo de pista hasta llegar de nuevo al control policial situado junto a la carretera. Preguntamos a uno de los agentes por el grupo de motos y el camión y la respuesta es casi la esperada: “no han pasado por aquí”.

Un cómodo trayecto de unos 45 kilómetros de asfalto nos acerca hasta Atar. Durante el recorrido frecuentes miradas a la pantalla del móvil dejan claro que la comunicación no es posible. Poco antes de entrar en la ciudad aparece la esperada cobertura y podemos contactar con el grupo. El teléfono satélite que llevan demuestra su utilidad. Nos comentan que tienen previsto llegar a la ciudad sobre las nueve de la mañana. La previsión resultó excesivamente optimista.


Atar, Casa de la Luz.


Atar

Atar, capital de la región del Adrar, es una ciudad pequeña uno de los pocos lugares de la zona donde se puede repostar combustible y adquirir víveres. Atar tiene un mercado grande con una amplia oferta de productos típicos del comercio sahariano. Como disponemos de tiempo decidimos acercarnos hasta la Fundación Casa de la Luz, un centro médico fundado y dirigido por españoles. Curiosamente ninguna de las varias personas a las que preguntamos sabe donde está, es más ni siquiera la conocen. Tenemos que llamar a Nouakchott para que Ahmed nos facilite la dirección.

Cuando llegamos tenemos que abrirnos paso entre una multitud que espera pacientemente su turno en la puerta. En el interior se desarrolla una frenética actividad, se pasa consulta en varias habitaciones, se montan estanterías y equipo médico en otras y multitud de personas se desplazan de un sitio a otro. La sensación es de caos controlado. Saludamos a Carlos de la Bella y a los médicos, la mayoría dentistas, recién llegados que permanecerán varios días en Atar atendiendo a todo aquel que se presenta a la consulta. Me ofrezco a llevar a la hermana Isolina, una monja chilena perteneciente a la Congregación de San Vicente de Paul que está de visita, hasta su “convento”. Son tres monjas que desde su pequeño centro intentan paliar los problemas de mujeres y niños de la zona.



La esperada reunión con el grupo se va retrasando y acepto agradecido un auténtico bocadillo de jamón serrano y una Coca Cola. Varias horas después aparecen, por fin, el camión y el Montero. Las motos han tenido muchos problemas, y todavía están en medio de un erg de dunas. Tras cargar unos miles de litros de agua y combustible en el camión salimos hacia Terjit. Cuando llegamos al oasis está anocheciendo. El encuentro con los moteros no es todo lo agradable que debería haber sido, varias averías, algunas caídas y el agotamiento hacen que el ambiente al reunirnos en Terjit sea un tanto tenso. Además, su viaje ha sufrido un serio retraso y van dos etapas por detrás de lo previsto.

Al día siguiente por la mañana, y a pesar de que nos levantamos temprano, la salida se retrasa bastante. Hay que subir una moto con el cambio roto al camión, seguirá allí el resto del viaje, cambiar el embrague de otra y arreglar pequeñas averías. No nos ponemos en marcha hasta pasadas las doce. El comienzo de la ruta se retrasa aun más al parar a repostar las motos en Atar.


Las motos sufren la dureza del recorrido.


Atar-Chinguetti

La pista que lleva hacia Chinguetti sale de la misma ciudad. Avanza por un amplio valle, una llanura pedregosa salpicada de acacias, hacia unas montañas no muy lejanas. El firme, algo incómodo, está invadido por tulé y tiene abundantes piedras. Algunos kilómetros más adelante, tras atravesar el cauce de un oued cubierto de arbustos, la pista mejora. Es más ancha, de firme casi liso con abundante arena y sin la molesta tulé. El valle se estrecha, a medida que nos acercamos a las montañas, hasta dejar paso a un estrecho cañón, una hendidura flanqueada por altas paredes de roca negra. Las fracturadas laderas están cubiertas por diaclasas, que producen curiosas formaciones rocosas parecidas a escaleras colosales. Enormes bloques cúbicos se desploman como si fueran gigantescos dados negros. Una pronunciada subida nos lleva a superar el Paso de Ebnou. Un tramo de piso asfaltado para facilitar las comunicaciones. Al coronar la subida encontramos un puesto de control. Tras cumplir los trámites seguimos una pista excelente que atraviesa una extensa llanura arenosa y nos lleva con rapidez hasta Chinguetti.




Chinguetti

Situada entre un mar de dunas Chinguetti es la 7ª Ciudad Santa del Islam. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1996. La ciudad tiene varias bibliotecas que guardan manuscritos de más de 800 años de antigüedad, entre ellos varios ejemplares del Corán. Chinguetti está siendo devorada por las arenas del desierto. Las dunas sepultan las casas derruidas de lasca y troncos de palmeras secas. En algunas la arena llega hasta la altura de los techos.

Mientras el grupo visita una de las bibliotecas, me acerco hasta el Hospital de la Fraternidad, otro establecimiento médico puesto en marcha por españoles, para saludar a la directora del centro, la doctora Beatriz Relinque, e informarle que el grupo de médicos llegaría al día siguiente. De nuevo con el grupo se decide descargar el material de ayuda que llevaba el camión, varias cajas, en el hospital.


Chinguetti, Hospital de la Fraternidad.


Chinguetti-Tidjikja

Seguimos ruta hacia Tidjikja siguiendo el cauce de un oued que nos aleja de la ciudad. El grupo de divide, las motos harán un recorrido a través del erg Ourane mientras el camión y los dos 4×4 seguirán el arenoso cauce del Bath Chinguetti. El punto de reunión y acampada es un waypoint sacado del mapa, a unos 15 kilómetros del inicio. Justo en el punto de reunión un extraño ruido en el puente delantero del Toyota, seguido de un inmediato atasco, anuncia una nueva complicación. La tracción delantera se ha averiado. El atasco se soluciona rápidamente con un gato Air Jack. Por la mañana, con luz, veremos que es lo que se ha roto. Una cena excelente no consigue levantar el ánimo. Es imprescindible tener tracción en los dos ejes para poder continuar la ruta.


Atasco producido por una avería en una rueda libre.


Por la mañana desmontamos y vemos con alivio que el problema se limita a un engranaje roto de la rueda libre. Acordamos acercarnos a Chinguetti, si no hay repuesto regresar a Atar, hacer la reparación y unirnos al grupo en algún punto de la ruta. Tenemos suerte, en el único taller de Chinguetti nos hacen un apaño con una destartalada rueda libre que tenían y, tras pagar un precio exorbitante, nos ponemos de nuevo en marcha. El tramo a través del oued es complicado. El cauce está cubierto por una arena extremadamente blanda, Sable Morte la llaman los mauritanos, que dificulta la marcha, incluso bajando las presiones por debajo de 1 kg/cm2. Donde es posible rodamos por las dunas de las orillas de arena más dura. Las orillas del oued están salpicadas de jaimas más o menos cercanas. Unos kilómetros más adelante salimos del cauce para internarnos por un pedregal. Un tramo lento e incómodo a través de un terreno calcinado surcado por abundantes acacias. Tras pasar un extenso arenal bordeamos la negra montaña basáltica Ez Zarga. Circulamos por un terreno oscuro alfombrado de arena naranja. Unos kilómetros más adelante, cerca del cráter Aouelloul (causado por un meteorito) damos “caza” al grupo. Avanzamos por un extenso valle, flanqueado por montañas no muy lejanas, cubierto de arena negra y salpicado por multitud de acacias. Una subida algo trialera, aunque corta, sobre roca suelta nos saca del valle.


Entre Chinguetti y Tidjikja hay algunos tramos lentos y pedregosos.


La ascensión nos lleva a circular por una hammada, una extensa llanura pedregosa flanqueada por las lejanas cumbres del Adrar a la derecha. Tras atravesar una zona de pequeñas dunas la pista se torna lenta e incómoda. Aunque motos y coches pueden avanzar con cierta rapidez el camión, cargado con varias toneladas de material, solo puede avanzar con lentitud. Tras recorrer poco más de cien kilómetros cae la noche y hay que buscar un nuevo lugar para acampar. Una excelente cena y una ducha reparadora no consiguen paliar el efecto de una llamada de Ahmed: aunque por fin han llegado las piezas para reparar la pickup ha habido una equivocación y han enviado la tapa del cárter de la distribución en vez del propio cárter.


El camión y las motos.

Por la mañana, después de varias llamadas a Portugal, negociamos el nuevo envío, la pieza llegará a Nouakchott en un vuelo de Air France el martes siguiente. Andre y yo decidimos separarnos nuevamente del grupo en Tidjikja y acercarnos a Nouakchott para ver que podemos resolver.


Bastante arena en una de las etapas míticas del antiguo Dakar.


Después de repostar motos y coches nos ponemos en marcha. Afortunadamente la pista mejora bastante, las molestas piedras casi desaparecen y la ruta avanza atravesando lisas hamadas, arenales y ergs. Llegamos y cruzamos el primer pueblo del recorrido, Ain Safra. Extensos arenales y continuas formaciones de dunas dominan el paisaje. En muchos tramos la pista desaparece entre la arena. Tras una corta equivocación que nos obliga a retroceder sobre nuestras rodadas llegamos a los restos de un Mitsubishi del Dakar. Solo permanece la carrocería con las barras antivuelco junto al chasis. En este punto la pista desaparece completamente perdida entre las dunas. Aunque damos con el trazado correcto, que sigue hacia la izquierda subiendo por una duna, decidimos seguir recto cruzando el extenso erg. Las motos se adelantan y encuentran pasos fáciles para el camión. Después de dar algunas vueltas y tras un fuerte y largo descenso entre dunas nos juntamos con la pista principal en el arenoso cauce del oued Rachid. A partir de aquí seguir la ruta es más sencillo, no tiene perdida. Hay que seguir el cauce, flanqueado por paredes de arena y abundantes palmeras. Un precioso recorrido sahariano jalonado por multitud de restos de coches del Dakar. Pasamos Rachid, un pequeño pueblo que cuelga en lo alto sobre la pista, para hacer el último tramo de la ruta, un rápido recorrido que nos acerca con rapidez hasta Tidjikja.


El recorrido está jalonado por “pecios” abandonados del Dakar.

Esta ruta, una de las etapas clásicas del Dakar, ha sido impresionante. Un auténtico recorrido sahariano en él que solo nos hemos cruzado, a lo lejos, con otro vehículo y en él que las únicas personas que hemos visto, aparte de en Ain Safra, han sido unos pastores nómadas cuidando de un rebaño de camellos.

Repostamos en Tidjikja y como falta poco tiempo para que anochezca acompañamos al grupo unos kilómetros por la pista que lleva hacia el famoso Paso de Nega para acampar juntos.


Una avería dejo al Toyota sin electricidad. Afortunadamente esto no es un problema serio en las versiones africanas y pudimos llegar a Nouakchott.


Tidjikja-Nouakchott

Por la mañana, después de despedirnos y recorrer unos 25 kilómetros de pista, llegamos al asfalto y ponemos rumbo a Nouakchott. Apenas pasan unos minutos cuando sufrimos una nueva avería: el sistema eléctrico del vehículo deja de funcionar. No funciona ningún testigo ni instrumento (no funcionan las luces, intermitentes, ni los testigos de temperatura, combustible, aceite, etc). Afortunadamente el problema no parece afectar al motor. Comprobamos, uno a uno, todos los fusibles pero no conseguimos que vuelva a funcionar. Paramos en un par de talleres pero tampoco consiguen dar con la solución. Con una cierta sensación de agobio decidimos seguir viaje hasta Nouakchott. No tenemos más problemas y llegamos a la ciudad a última hora de la tarde del lunes. De nuevo Ahmed nos aloja en su casa.


La lonja, uno de los pocos sitios interesantes de Nouakchott.


Nouakchott

La Ley de Murphy sigue plenamente operativa y al día siguiente, cuando teóricamente debería llegar la pieza, nos enteramos que se ha anulado el vuelo de Air France. La compañía ha decidido pasar el vuelo del martes al jueves. La noticia es preocupante. La hora teórica de llegada son las 15,30. Como a partir de las 16 horas empieza el fin de semana (viernes y sábado para los musulmanes) un pequeño retraso en la llegada del avión supondría estar en Nouakchott tres días más, ya que el domingo también es festivo por ser la fiesta de final de ramadán. Además, ni siquiera tenemos claro que la avería no pueda ser mas grave y que puedan estar afectados válvulas o pistones. Por si fuera poco el billete de vuelta de Andre es para el vuelo del sábado desde Nouadhibou. Pasamos dos días más varados en la ciudad. Aprovechamos el tiempo recorriendo la ciudad y nos acercamos hasta la lonja, una visita interesante y recomendable.

El jueves por la mañana iniciamos las gestiones para intentar pasar el envío por la aduana. La oficina local de Air France nos pone mil pegas y la aduana sigue su ejemplo. Nos piden mil y un papeles que no somos capaces de conseguir.

La ayuda de Ahmed es fundamental y finalmente conseguimos el imprescindible recambio, a pesar de que nos falta la factura, el pago de la tasa de importación…, etc, sobre las seis de la tarde.


Los mecánicos trabajaron toda la noche y pudieron arreglar la Navara.


A las siete de la tarde comienza la reparación de la pickup. El “taller” es la misma calle junto a la casa de Ahmed. Como es de noche hay que sacar un cable desde una habitación y enchufar un halógeno para poder trabajar. Tres mecánicos, bajo nuestra atenta supervisión, trabajan toda la noche sobre el vehículo. Solo paran a las 2 y a las 5 de la madrugada para tomarse un tentempié. Finalmente a las seis y media de la mañana la pickup arranca. El motor suena bien y parece que podré regresar con ella.


Subiendo hacia Nouadhibou.


Nouakchott-Nouadhibou

Tras un breve descanso salimos de Nouakchott sobre las 11 de la mañana. No queremos arriesgarnos a hacer el recorrido de la playa y decidimos seguir la carretera hasta Nouadhibou. El regreso no plantea problemas y a eso de las seis de la tarde llegamos a Nouadhibou. En el hotel nos encontramos con el grupo, están cargando motos y equipaje en el camión. Al abrir el capó para revisar que todo está bien encontramos el cárter lleno de aceite, aunque el nivel no ha bajado demasiado. Rellenamos hasta el máximo con la intención de revisarlo cada 400 kilómetros durante el regreso a España.


En Nouadhibou me despido del grupo.


El regreso

A la mañana siguiente, tras acompañar al grupo al aeropuerto, inicio el viaje de regreso a España. Al llegar a la aduana no soy capaz de encontrar la documentación del coche, Murphy ataca de nuevo. Mis juramentos debieron sorprender al aduanero mauritano, quien tras intentar consolarme con afectuosas palmaditas en la espalda, selló la salida del vehículo a pesar de no tener ni la documentación del vehículo ni el impreso de importación temporal. En la aduana marroquí tampoco tuve problemas. Tras contarles que había extraviado la documentación reflejaron modelo y matrícula en el pasaporte y me dejaron entrar en el país.

A partir de este momento todo empezó a ir bien ¡por fin! La perdida de aceite no era tal, solo la consecuencia de que al rellenar de aceite el motor se había vertido una parte. El coche iba como un reloj. La vuelta la hago con extraordinaria calma. Si tardé menos de tres días en llegar a Nouadhibou empleo tres completos en llegar a Tánger. Al día siguiente, sobre las cuatro de la tarde, llego a casa. Fin del viaje.


AREA 4X4 - Blog de Santiago Fernández sobre 4x4, Navegación Electrónica Todo Terreno e Internet.


Santiago Fernández. Colaborador experto de KWANG 4X4.
Mayo 2011.












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