EURO4X4PARTS WEST TRANSÁFRICA 2012 - Camerún, Gabón y Congo Braza

Xavier Goffin. Congo

De origen francés, ha pasado gran parte de su vida entre España y África y yo le definiría como una mezcla de empresario y aventurero. Estuvo en Costa de Marfil hasta que comenzó la guerra y lo tuvo que dejar todo allí y comenzar de nuevo en España donde tuvo una agencia de viajes que funcionó muy bien mientras duró, además, en ese tiempo montó otra empresa para llevar gente a Marruecos con quad pero no funcionó como esperaban y vendieron los toyotas africanos que tenían en España. La forma de conocernos fue muy curiosa, yo vi el anuncio de la venta de sus coches y me puse en contacto con él, me fui con Enrique, Nico y Pepelu a verlo a Málaga y el coche nos convenció por lo que dejé una señal y regresé a Madrid a por el dinero. Cuando lo tuve, le llamé para decirle que iba a Málaga y que si había mucha gente, que si esto y lo otro, que perdí el tren. Me saco el billete para el día siguiente, le llamo y me dice que no hay problema y al día siguiente, estando en la estación vuelvo a perder el tren, así que muerto de vergüenza le llamo de nuevo y me dijo que cuando estuviera dentro del tren el día que fuera, que le llamara que no se iba a mover de su casa y a la tercera fue la vencida y pude comprar el coche. Regresé con él a Madrid, lo dejé delante de la puerta de casa y me lo robaron en menos de una hora. Como paso el tiempo y no aparecía y me dijo que tenía varios, le compré finalmente el de su socio. Mantuvimos el contacto y como no puede parar quieto, metió en un conteiner grande dos pegasos del ejército y se fue para el Congo donde hacía poco que había acabado la guerra. Así comenzó su aventura en este país y ahora tiene varios negocios entre ellos unos bungalós en la playa que son una pasada y que recomendamos altamente. Como habíamos perdido el contacto desde que vino al Congo,  al hacer la transafricana me localizó y se puso de nuevo en contacto conmigo y hasta aquí que nos vinimos para verle y desde luego que está en un lugar idílico. Le deseo mucha suerte con todas sus aventuras y negocios.


14 de mayo de 2012. Pointe Noire

Cuando he abierto los ojos, lo primero que he visto desde mi colchón ha sido el océano, unas olas de caballo y como no me iba a meter al mar con esas olas me he seguido durmiendo. Hoy no hemos madrugado nada y nos hemos metido un buen desayuno aquí que nos ha costado de acuerdo a lo que nos ha gustado. La verdad es que todo en esta ciudad es carísimo.

Nos hemos ido a la ciudad y nos hemos metido por un camino para saltarnos el peaje porque ya vamos justitos de dinero y aquí los peajes cuestan el doble que en los otros países. Hemos ido a la calle principal para ir a un cíber. Los coches que veíamos eran todos carísimos y no veíamos alguno sino que todos eran buenos y caros, hasta un porsche cayen con una preparación preciosa. El caso es que por conectar mi ordenador en el cíber me pedían cinco mil francos, diez veces más que en otros países. Por supuesto nos hemos ido y hemos encontrado un bar en el que nos han cobrado dos mil por una hora, que sigue siendo caro pero bueno. Hemos comido por ahí cerca y yo he tomado una hamburguesa que me ha parecido riquísima. Tras la comida hemos ido al lugar donde Vicente nos había dicho que estaban con los coches para arreglar el land rover pero ya no estaban aunque el jefe de allí nos ha explicado el problema que resulta que es que el td5 no lleva bomba de inyección sino inyectores bomba y eso es precisamente lo que se ha estropeado por el gasoil. Aquí no se arregla, hay que mandarlo a Brazzaville.

Hemos ido al hotel a buscarlos pero no estaban ya allí y de paso hemos soldado una barra de la baca. Hemos regresado al albergue donde hemos estado charlando con Javi que nos ha contado muchas cosas de por aquí y por fin ha llegado Jordi con José Manuel que nos han informado de que mañana van a repatriar el coche de Jordi y que Jordi y Carles irán en los asientos traseros del coche de Jordi Baldrich pero por lo menos llegarán a Sudáfrica. Ya estamos en contacto con Transitex, la empresa que se va a encargar de repatriar los coches desde Sudáfrica para  que se haga cargo de devolver el land rover a España desde aquí y mañana nos explicarán que hay que hacer.


13 de mayo de 2012. Pointe Noire

Pasamos una buena noche pero al levantarnos había mucho rocío y yo que había dormido fuera tapado con una mantita, lo tenía todo mojado pero mientras probaban varias cosas para arreglar el land rover con el sol que salió, se secó todo perfectamente. Había un pozo (me imagino que habría otros también) que para acceder a él la gente del pueblo tenían que subir hasta arriba donde estábamos, bajar por el otro lado por una cuesta más larga y luego, cargados, hacer el camino a la inversa que tontamente podía ser un km de ida y otro de bajada. El lugar donde dormimos resulta que era el colegio por lo que vino el jefe del poblado primero y luego el profesor para saludarnos. Luego nos obsequiaron con una bolsita de  tomates, algo que casi no hay en ningún poblado de por aquí.

Continuamos por la pista remolcando al coche de Jordi F. y tranquilamente llegamos al final de la pista en una rotonda donde comenzaba la carretera. Estaban indicadas todas las direcciones así que sin problema cogimos el desvío hacia Dolissie. En el pueblo le habían dicho a Jordi Fernández la dirección y nombre de un mecánico que tocaba la marca de su coche aunque era posible que ya no trabajara. Encontrar la calle fue fácil pero encontrar al mecánico nos costó y es que resulta que ahora es un señor muy mayor que no debía trabajar por lo menos desde hace diez años pero el caso es que se vino a ver el coche e intentó arreglarlo aunque no era capaz ni de quitar una tuerca el pobre. Como ya casi era la hora de comer, nos quedamos para no tener que parar dentro de un rato. Estábamos al lado del estadio y se estaba llenando de gente porque había un partido entre un equipo local, creemos que el primero de su liga, contra un equipo nigeriano. La gente era muy amable pero nos fuimos pronto del lugar porque se veía que la gente estaba bebiendo y no queríamos problemas Había gente bailando, otros iban pintados con los colores de su equipo y montones de coches que iban pitando con las banderas ondeando y la gente subida dando gritos. Luis y Jordi Baldrich que no llegaban, algo extraño porque siempre es muy puntual Luis. Mientras, apareció una persona que se identificó enseñándonos su placa de policía de inmigración y tras preguntarnos si teníamos todos los papeles, sin necesidad de enseñarle nada, nos explicó que retroceder cuando volviéramos de arreglar el coche en Pont Noire hasta Minduli, era muy largo y que, además, había llovido muchísimos por esa zona por lo que nos enseñó otro camino que bordea Cabinda pero que nos dijo que no era apta para los turistas aunque si le llamábamos podía hacernos un pase y desde la frontera a Matadi teníamos sólo dos días. Ya veremos que hacemos pero parece una buena opción. Cuando por fin llegaron los otros, nos explicaron que el coche de Luis no arrancaba y les costó muchísimo ponerlo en marcha.

El remolcar al land rover hacia la costa fue duro ya que había un puerto largo y con una buena subida y se calentaba el aceite de la caja de cambios muchísimo, al final, en primera y despacito lo pudimos subir. La carretera, aunque muy buena (era nueva) tenía constantes subidas y bajadas por lo que el consumo del coche subió a más de treinta l. y pese a haber salido con más de un cuarto de depósito, al llevar 60 kms tuvimos que parar para echar más del Jerry que llevaba y un poco que sacó Jordi F. de su coche chupando y que dieron para llegar por los pelos a la ciudad a la que llegamos de noche  y con un tráfico impresionante. En el recorrido hasta la ciudad las frenadas eran complicadas porque tenía que parar las casi siete toneladas de los dos coches aunque Jordi me ayudaba pero aún así la frenada se alargaba muchísimo y tuve un gran susto porque en un punto había una serie de niños a ambos lados y justo cuando íbamos a pasar, una niña pequeña cruzó corriendo y aunque intenté dar un frenazo, fue imposible y no la atropellamos por los pelos afortunadamente.  Paramos delante de un hotel para organizarnos y tras una hora de estar pensando que se hacía, finalmente nos vinimos el coche de Jordi B y el mío al Albergue de mi amigo Xavi y los otros se quedaron allí. Xavi nos invitó a una cerveza mientras cenábamos algo y nos contaba cosas de por aquí y finalmente nos fuimos a acostar. El albergue está pegado al mar y podíamos escuchar perfectamente las olas.


  12 de mayo de 2012. Malolo. Congo Braza

Afortunadamente no ha llovido por la noche. Antes de ponernos en marcha, ha venido el jefe del puesto Gabonés para acompañarnos a la frontera y que no tengamos problemas. Solo era, como vimos ayer, un km y medio o dos por un camino sin bifurcaciones ni nada pero yo creo que lo que quería era asegurarse que nos íbamos de una vez. He enganchado al land rover de Jordi F. y hemos cruzado al Congo Braza. Nada más entrar nos han sellado el pasaporte y nos han confirmado que en la frontera te hacen el visado, nos han enseñado los papeles y todo y que sólo cuestan 25.000 francos cefas, mucho menos que en el consulado. Han sellado los carnet de passage y a mí me han hecho una autorización de entrada para vehículos en vez de un passavant que me ha costado 10.000 francos.

Hemos continuado por el estrecho camino y pronto hemos llegado a las zonas complicadas pero como no había llovido no presentaban problema salvo para el coche con el remolque. Afortunadamente para mí, el land rover arrancó y fue por sus propios medios durante unos cuantos kms y no tuve que tirar de él en el barro. Encontramos zonas de grandes charcos que se podían bordear ya que si nos metemos, como tienen la altura de las rodadas de los camiones, nos hubiéramos quedado, de hecho en una zona con barro de las primeras, entré con las ruedas de un lado en la rodada del camión y las otras por fuera y el coche se fue  inclinando mientras avanzaba hasta que el eje de dio por debajo pero en reductora salió marcha atrás sin mayor problema salvo la inclinación.
El camino era algo aburrido porque estaba franqueado por hierbas altísimas que impedían ver el paisaje. De vez en cuando el algún alto veíamos grandes zonas de sabana y la selva al fondo. Pasábamos pequeños pueblos que estaban situados a lo largo del camino y con sus cementerios a la entrada o salida y casas con las tumbas delante. La gente nos increpaba algunas veces y otras parecían ponerse contentos por nuestra llegada pero en todos los casos siempre pedían dinero, balones y más cosas. No era realmente un ambiente agradable.

Por la tarde el paisaje cambió y aparecieron unas colinas verdes por la hierba y que parecían de terciopelo, eran muy bonitas y ya seguimos bordeando las colinas todo el rato. Aunque el camino no era malo no podíamos circular muy rápidos y hemos parado en un pueblecito a dormir porque se ha puesto el sol y todavía nos quedaban 40 kms  para llegar a Dolissie y por seguridad no hemos querido circular por el camino de noche. Hemos visto pasar por el pueblo varios camiones cargados de troncos a toda velocidad como si no existieran los niños ni nada, igual circulan de noche porque por el día no hemos encontrado ni uno.
Hemos encontrado muchos pajaritos a lo largo de la ruta, había unos rojos y negros preciosos, había otros amarillos y unos oscuros con una colita cuatro veces la longitud del pájaro que volaban hacia arriba y hacia abajo.

El ambiente del grupo es muy bueno y Mar está haciendo unas lentejas que deben estar riquísimas. Estamos en una zona vallada arriba del pueblo y nos llega el sonido de cánticos que parecen ser de mujeres, a ratos paran y a ratos continúan. Las estrellas las vemos muy bien y muy bonitas pero en el horizonte hay nubes con tormenta porque las vemos iluminarse pero no escuchamos nada.
El coche de Luis en todo el día no ha podido abrir el portón trasero y al ir a acampar tampoco pero finalmente Joan ha conseguido medio meterse por entre las cosas de detrás y ver que había una bolsa que parecía pillada de la cual tiró permitiendo la apertura del portón con gran alegría de ambos.


11 de mayo de 2012. Frontera Gabón – Congo Braza

Nos hemos levantado temprano y al ir a pagar resulta que no había nadie por lo que metimos el dinero en un sobre y lo empujamos por debajo de la puerta donde ayer estaba la mujer que nos atendió. Desayunamos a todo meter en un maquis porque iba a ser la hora de la explicación y salimos para el hotel donde estaba el resto de la gente. La gente no estuvo puntual pero es normal porque les hemos ido dejando, dejando y ahora poner horarios cuesta un poco pero la culpa ha sido nuestra. Tras la explicación del día en la cual se habló del tema de la velocidad, salimos hacia la gendarmerie que estaba allí al lado y que abrían a las ocho. Tardamos hora y media porque todos los pasaportes los escaneaban y metían los datos en el ordenador a parte de hacer fotocopias de los pasaportes. Preguntamos si había que hacer algo más y nos dijeron que no, que tirásemos pero menos mal que Jordi estaba al quite (ya está bastante mejor aunque sigue sin poder conducir) y en la oficina de al lado preguntó y le dijeron que allí sellaban el carnet de passage pues lo han cambiado y no se sella cerca de la frontera. Lo hicieron en un momento y partimos.

Charlando, a la salida del pueblo me fui por la carretera en dirección contraria pero todos se dieron cuenta rápido y me llamaron. Por el camino hablamos con Eva porque ya no puede ir a Pont Noire porque no le dan el visado así que la recogeremos en Luanda y de paso nos traerá algunas cosas que necesitamos. El camino no es una pista ancha y principal sino más bien estrecha en la que dos coches no caben y ya no va por la selva sino por una especie de sabana que ahora con la lluvia está verde y de grandes hierbas. También se van pasando pequeños pueblos dispuestos a lo largo del camino.

De repente Jordi Fernández nos avisa por la emisora de que el coche les falla como ayer (no sabía nada de eso pero por lo visto le fallaba y al cambiarle el filtro del combustible se acabó el problema). Pensamos que aunque sea raro, igual su coche es más sensible al combustible malo o que el otro filtro estaba defectuoso, el caso es que se lo cambia José Manuel pero sigue funcionando mal y se termina parando sin que consigamos arrancarlo. Entre José Manuel y Leo, que llevaba una cantidad de material para reparar un coche, tremenda, le miran todo pero no terminan de dar con la avería. Se llama a España a un jefe de taller de la Land Rover que les explica una serie de comprobaciones que dan como fruto el saber que la bomba que manda el gasoil al motor no va bien. Con otra llamada se enteran de que los fusibles van debajo del asiento del conductor y ahí encuentran el relé de la bomba que está mal, pero no hay otro, así que se limpia se vuelve a poner y el coche arranca perfectamente y puede circular. Esto nos llevó toda la mañana. Nos ponemos en camino y a los pocos kms el coche se vuelve a parar, se desmonta nuevamente el sillón y todo parece normal salvo que falla el relé pero Leo encuentra un relé igual y lo cambian, el coche arranca perfectamente y seguimos… un par de kms. Si el coche paraba cinco minutos, andaba dos minutos antes de pararse y como así no podíamos seguir, lo enganchamos a mi coche con la barra de remolque también de Leo y llegamos hasta la aduana donde pidieron ver los carnet de passage para comprobarlos pero nos dijeron que allí ya no los pueden sellar. Aunque era pronto, era demasiado tarde para entrar en el Congo pues no sabíamos donde podríamos dormir con seguridad, así que preguntamos al jefe del puesto si lo podíamos hacer allí y nos dijo que no, que lo hiciéramos en el siguiente control a diez kms. Nos vinimos hasta aquí, les dimos una ficha del grupo con todos los datos y con eso fue suficiente. Les pedimos que nos dejaran acampar y nos llevaron a una explanada con hierba un poco más lejos donde montamos el campamento. Hoy tan solo hemos hecho 58 kms en todo el día, ya veremos mañana.

Jordi vino a decirnos si queríamos ir al río  a bañarnos que estaba a quinientos metros y que nos llevaban para enseñarnos el camino. Éste no tenía pérdida pues era seguir la pista hasta el río que hace de frontera natural con el Congo pero no habían quinientos metros sino un par de kms. Fuimos acompañados por dos gendarmes y un montón de niños que iban jugando al fútbol con nosotros pero sobre todo con Carles que sí que parecía que dominaba más que el resto de los que íbamos y con Joan. Casi todos los niños llevaban la mochila y un machete más o menos grande o algún utensilio de huerta como azadones diversos. Cuando llegamos allí, se presentó un oficial congoleño para pedirnos que no pasáramos de la mitad del puente en adelante pues era ya Congo y lo mismo en el río, que no se podía nadar a la otra orilla aunque todos los niños lo hacían.

La tarde estaba nublada en plan de caer una buena tormenta pero no llovió, vimos rayos lejos pero aquí nada de nada por suerte ya que si nos llueve el estado del camino será muy malo. A partir del puesto de control y la barrera, el camino hacia el Congo se estrecha considerablemente y ya no caben dos coches que se crucen.

Al regresar, ya de noche, nos fuimos a buscar un bar en el pueblo aunque tras haber visto el pueblo al pasar, dudábamos de encontrarlo y más con cervezas frías. Por el camino vimos muchas luciérnagas y muchas de ellas volaban con su lucecita encendida, era una pasada verlas. Todas tenían la luz blanquecina o verdosa pero vimos volar uno con luz rojiza. Pues encontramos un bar grande con mesas fuera, gente bailando con la música muy alta y otro sin música y  más tranquilo que más bien era una tienda donde tenían cerveza fría. No estaba helada pero como no hacía calor estaba buena.
La frontera congoleña abre a las siete, así que hemos quedado con todos para que a las siete tengamos la reunión explicativa y ponernos en marcha.
Quiero agradecer muchísimo el trabajo que han realizado desinteresadamente Leo y José Manuel sin importarles ponerse perdidos de gasoil y a pleno sol. Muchas gracias a los dos.


10 de mayo de 2012. Ndendé

Esta mañana Jordi se ha levantado bien aunque débil por no haber comido. Tras la reunión informativa hemos salido sobre las doce como dijimos ayer para que  Jordi pudiera descansar más pero a pesar del tiempo que han tenido todos, cuando salíamos se han tenido que ir a repostar y comprar, pero bueno, al final ya estábamos todos y nos hemos puesto en marcha. Hacía un calor tremendo. En vez de una pista hemos encontrado una carretera bastante nueva hecha por la empresa española “Acciona” que nos ha permitido recuperar tiempo. Sobre las dos de la tarde hemos encontrado una zona para parar a comer con unos kioscos con buena sombra y una pequeña cascadita donde refrescarse, así que hemos parado para comer allí aunque a Jordi Fernández le ha parecido mal que lo hiciéramos porque decía que habíamos salido hace poco y ya estábamos parando pero en la explicación ya se dijo que se pararía a comer y nadie protestó, de hecho unos cuantos lo han agradecido porque ya tenían hambre y a Jordi le ha venido muy bien pues le ha permitido refrescarse y sentirse mejor.

Jordi se encuentra demasiado débil para conducir, así que para que lo pudiera hacer habríamos debido esperar unos cuantos días más con la consiguiente pérdida de tiempo pero Pere se ha ofrecido para hacerlo por lo que él dirige el coche. La carretera era buena y sin nada de tráfico pero la limitación de velocidad estaba en 80, circulábamos a cien, velocidad más que de sobra ya que no conocemos la carretera y aquí conducen muy mal siendo muy fácil encontrar un vehículo en sentido contrario o parado en medio de una curva sin visibilidad o que de repente esté cortada, además, el vehículo que lleva el remolque no puede exceder esa velocidad ya que la frenada aumenta muchísimo y por otro lado, Pere es la persona mayor de todo el grupo y se cansa lógicamente, más que el resto. Primero ha sido Leo el que se ha quejado de la velocidad y se ha ido y un poco más tarde, Jordi Fernández de malas maneras también lo ha hecho saliendo a todo meter y dejándonos una nube de humo negro  tremenda y es que su coche echa más humo que el resto de los vehículos juntos.

En Mouila nos hemos vuelto a encontrar todos y hemos continuado juntos ya por la pista pues la carretera acababa allí. Al poco de empezar a circular por la pista, ha pasado un camión grande en dirección contraria a todo meter y una piedra que ha lanzado, ha dado en el parabrisas del toyota haciendo un agujero. Del golpe ha lanzado miles de trozos muy finos y pequeños del cristal que ha sido imposible quitar y menos mal que llevaba las gafas puestas. Dentro de lo malo ha sido un poco más arriba de la posición de los limpiaparabrisas y no me molesta para ver, le hemos puesto cinta americana por los dos lados y un poco de esmalte en las rajas aunque una de ellas ha crecido un dedo más. La pista era buena y nos permitía ir a buena velocidad y de repente entramos en una zona llena de charcos y al poco comenzó a llover un poquito, ver rayos y escuchar truenos pero pronto nos alejamos de la tormenta para llegar a Ndendé. Repostamos en la gasolinera Total de la entrada y como había un hotel allí, pues la gente se quedó pero yo tenía la coordenada que me había pasado mi amigo Fermín de cuando estuvo con su camión, de una misión católica en la que poder alojarse barato pero estaba lleno aunque allí nos dijeron que fuéramos a la asamblea que también tenía habitaciones. A pesar de las indicaciones de las monjas de la misión, no encontrábamos el lugar por lo que le preguntamos a una mujer enorme que directamente se subió al coche para llevarnos y eso que estábamos al lado pero no había habitaciones por lo que nos llevó a otro motel que estaba bien. Cuando volvíamos a la gasolinera para decirles lo que habíamos encontrado, le dijimos a la mujer que la dejábamos donde quisiera pero se negó a bajarse del coche porque quería vernos instalados, así que se vino con nosotros al otro hotel. Mientras le decía a Jordi lo que teníamos, la mujer del restaurante le dijo a Paloma que esa señora era su hermana y que por el favor que nos había  hecho debíamos invitarla a comer, cosa a la que se negó, lógicamente, Paloma. Fuimos nuevamente con la mujer al hotel para decir que queríamos las habitaciones y ya parece que se quedó más tranquila y accedió a que la lleváramos a su casa que no estaba lejos del hotel.

Cuando llegamos al hotel de la gasolinera para cenar con todos, tras haber esperado muchísimo nos encontramos con que todo el mundo tenía buenas raciones y justamente los que no dormíamos allí, las teníamos pequeñas pero es que la especie de pisto que nos sirvieron era mucho menos que una pequeña tapa y encima nos quería cobrar como si fuera un plato normal. Al final accedió a bajar el precio y le pedimos las patatas que faltaban y nos dijo que no había porque se las habían puesto a los del grupo de la otra mesa y se las habían comido. Le pedimos pan una vez y que no lo traía, se lo pedimos otra y nada y a la tercera ya dice que no tiene por lo que me cansé de que nos tomara el pelo y aunque había comenzado a comer el plato ridículo le dije que si no tenía pan, yo no tenía dinero y que no quería la cena tan ridícula que nos había puesto y me marché al coche a esperar a los otros que no tardaron en venir. Lo que más me ha molestado ha sido la hora que he perdido allí para nada y ahora estoy casi sin cenar y digo casi porque Emilio, con el que comparto la habitación ha sacado chocolate y ron miel pero he comido poco porque no le quedaba mucho pero le he agradecido el que lo compartiera conmigo.
Aunque la frontera está a unos treinta o cuarenta kms, aquí hay que hacer formalidades aduaneras mañana.


9 de mayo de 2012. Lambarene

Parecía que íbamos a tener buen tiempo por Gabón pero no ha sido así, de madrugada ha caído una buena tormenta y ha estado lloviendo bastante fuerte, así que por la mañana nos hemos levantado con agua, ideal para cargar el remolque pero menos mal que donde se puso el remolque estaba bajo techo. A la hora de meter todo en el remolque Elvira ha discutido conmigo por lo de no haber ido a la reserva, así que como Jordi ya se encontraba bien y podíamos seguir el viaje, la he dicho que fuéramos a hablar los tres ya que la culpa no era mía. Hemos continuado la discusión y al final hemos llegado a la conclusión de que si no se podían venir todos, se debería haber sorteado las plazas, por lo que he reconocido a Elvira que en eso tenía toda la razón y me he disculpado. Tras esto las aguas han vuelto a su cauce y a la hora de la comida cuando hemos parado en un pueblecillo, hemos comido todos juntos hablando los unos con los otros como al comienzo del viaje y eso me ha dado muchísima alegría y desde luego se viaja mucho más a gusto con este ambiente agradable.
Como hemos dicho, Jordi se ha levantado bien y hoy se ha tomado su tercera dosis de Malarone con lo que termina el tratamiento. La verdad es que tenía muy buena cara y por eso nos hemos puesto en marcha pero al rato de ir por la carretera entre la selva y la lluvia, se ha puesto a vomitar y el resto del viaje hasta aquí lo ha hecho tumbado en el coche que lo conducía Pere. Como Libreville está al norte, el día que subimos cruzamos nuevamente al hemisferio norte sin habernos dado cuenta y ahora, gracias a Leo que iba atento, hemos pitado al pasar por el ecuador aunque no hemos parado por estar en curva, así que es la tercera vez en pocos días que cruzamos el ecuador. Al llegar a Lambarene nos hemos encontrado a Luis que al ver a Jordi en ese estado le ha dicho que  él le invitaba a pasar la noche en el mismo hotel en el que él estaba. Ha sido un gran gesto y le doy las gracias por ello.
Leo y Vicente, que ahora viajan  juntos en el coche del primero, se han quedado en el hotel y el resto nos hemos ido a buscar alojamiento en un colegio religioso que me pasó nuestro amigo y aventurero Juan de Mariano. Nos ha recibido la madre Maricruz y al principio nos hablaba en francés hasta que se ha dado cuenta que somos españoles y cuando ha cambiado a nuestro idioma, al principio le ha costado pero luego sin problemas, cosa normal porque lleva casi sesenta años en África como misionera. En este lugar lleva diez y tienen un colegio para niños de tres a cinco años. Todos sus alumnos salen de aquí escribiendo y leyendo por lo que cuando se van a un colegio nacional, como van mucho más retrasados, terminan por perder lo aprendido. Para solucionarlo en parte, van construyendo despacio otro aula para poder tener niños con más de cinco años de manera que cuando se incorporen al colegio no pierdan lo aprendido.
En el colegio nos han dejado acampar y hay un baño con agua caliente y todo, mejor que en muchos hoteles. Nos hemos ido a cenar los campistas y el ambiente seguía siendo genial por lo que hemos disfrutado muchísimo en la cena. Al regresar al colegio, me ha llamado mi madre con la que llevaba mucho tiempo sin hablar porque ella me llamaba al número de otro país y porque cuando llamaba yo no la cogía en casa.
El cielo está despejado, es muy probable que no llueva, así que hemos podido mirar el cielo por primera vez en el hemisferio sur y no reconozco ni una sola constelación, todas son nuevas para mí.
Mañana saldremos tarde para que Jordi se recupere bien, siempre y cuando esté en perfectas condiciones de viajar, por ello tiraremos hasta cerca de la frontera con el Congo. A partir de aquí ya no hay carreteras, todo pistas y tenemos conocimiento de cómo están gracias a Javier Carrión del foro de Aventura-África que me lo ha detallado todo por tramos pero esperamos que no llueva mucho para no encontrar mucho barro que nos retrase más, pues ahora tenemos el problema de que debemos entrar en Angola antes del veintiséis de este mes. Así que ya estamos mentalizados para irnos al Congo por fin donde vamos a encontrar lo más duro del viaje si hay lluvias, esperemos que el remolque pase bien y no tengamos problemas con él.


8 de mayo de 2012. Libreville

Esta mañana parecía que Jordi estaba mejor e incluso temprano se ha marchado sólo a la gasolinera a por un zumo. Por otro lado, un expedicionario por fin ha dado los buenos días a otros dos a los que no les saludaba desde hacía tiempo, así que todo parecían buenas noticias por la mañana y nos encontrábamos alegres. Sin embargo, al volver de desayunar y cambiar dinero había una montada tremenda porque Jordi el otro día, a pesar de que todo el grupo menos José Manuel querían ir a la reserva, se negó a ir y por tanto, llevarles, por otro lado tenía el coche roto pero en la gasolinera lo arreglaron y aunque la gente le dijo que fueran, volvió a negarse y no fueron a la reserva. Que ocurre, que al contarles las cosas que hemos visto y que se han perdido, se han cabreado contra mí porque dicen que Jordi les dijo que se desmontaba un sillón suyo  trasero y se ponía en mi coche, cosa que no se puede hacer porque como el seguro es para cinco ocupantes, los anclajes de la tercera fila los tengo usados para otras cosas y no se pueden quitar, la ventana está tapada y mi seguro, como ya he dicho, es de cinco ocupantes y no de más. El caso es que en vez de enfadarse con Jordi que tenía la obligación de haber hecho lo que dijera la mayoría del grupo, se cabrean conmigo. Yo no estaba delante pero el ambiente fue muy desagradable por lo visto y salieron a colación viejas rencillas. Que mal ambiente y que pena. El grupo de Luis, como no les apetecía estar allí y realmente no sirve para nada que lo hagan, pues ha continuado por la carretera para ir a Lambarené donde nos esperarán. Sabemos que hasta el cruce es carretera y de allí hasta Lambarené no sabemos si continúa o es pista pero desde allí a Dolissie en Camerún es todo pista que estará bien o llena de barro según haya llovido. Cuando se fueron Jordi estaba durmiendo y no queríamos despertarlo y cuando lo hizo se encontraba bien pero muy cansado y sin ganas de moverse, lógico, así que nos hemos quedado aquí.
La gente de esta ciudad es muy amable y no hay prácticamente moto alguna ni taximotos. Se ve la zona del paseo marítimo muy moderna con buenos edificios y los coches son muchos pero sin embargo luego por la carretera no hay casi ninguno.
Nos fuimos a comer y a por comida para Jordi que ya le empezaba a comenzar el hambre y en un bar trabamos amistad con un grupo que estaba sentado a nuestro lado y al final nos invitaron a cervezas, correspondimos, nos invitaron a comer trayendo carne y pasamos un  rato muy entretenido.
Por la tarde parece que el grupo está algo mejor.
Esta tarde nos ha pasado una cosa muy graciosa con un taxi. Resulta que por la mañana hemos cogido un taxi y pedía dos mil por los tres pero se ha quedado en dos. A parte de nosotros iba otra persona y hemos visto que le daba 100 francos, así que a la vuelta al taxi le hemos dicho que cien por cada uno y ha dicho que si. Pues por la tarde, queríamos ir a los artesanos y hemos parado un taxi que nos pedía dos mil, luego mil y hemos entrado en el taxi y dentro le hemos dicho que cien por cada pero ha dicho que no. Hemos abierto las puertas para bajarnos y nos ha dicho que venga, que vale y que cerráramos por lo que nos hemos ido con él. Al llegar al sitio, nos quería cobrar mucho más de lo pactado diciendo que por esa miseria no trabaja y no nos ha dejado bajarnos y nos ha vuelto a llevar al hotel en vez de bajar un poco el precio puesto que nosotros lo hubiéramos pagado para aprovechar el tiempo y no tener que regresar al hotel y volver a buscar otro taxi que nos llevara de nuevo a los artesanos.
Hoy una lectora del blog me ha llamado por teléfono desde Chicago nada menos, así que le agradezco la llamada.
Mañana saldremos hacia Lambarene que es todo carretera y a partir de allí comienza la pista.


7 de mayo de 2012. Libreville


Nos levantamos esta mañana y otra vez hablando de los elefantes y de lo que se había perdido Emilio por estar tan profundamente dormido. Habíamos quedado en el bar del pueblo con Luis y los otros para desayunar juntos y a pesar de habérselo dicho a la dueña que íbamos a ir, no estaba abierto, quizá porque ayer para desayunar sólo tomamos café o porque no comimos allí, el caso es que no había nadie y hemos desayunado de lo nuestro pero sin que el café estuviera caliente. Nos hemos puesto en marcha y en la pista nos hemos encontrado nuevamente a los australianos en su coche y que habían parado al lado de un camión que resulta que era el camión de los españoles que no pude ver en Kribi. Se llaman Evaristo y Ana y son encantadores y el camión es precioso, por dentro parece un barco pues es todo de madera y es que ya se dieron la vuelta al mundo en barco en unos cuantos años y ahora están recorriendo África y tienen dos años para ello de los que ya llevan siete. Podéis seguir sus aventuras en www.calce-team.blogspot Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo con ellos pero tras la foto de rigor nos despedimos porque teníamos que seguir y porque había miles de mosquitos pequeños que se te metían por todos lados y se quedaban pegados en el sudor, teníamos que hablar moviendo las manos por la cara para que no se metieran por la boca o en los ojos.

Por fin tuvimos noticias de Jordi y resulta que estaba con malaria, el día que nos cruzamos y que le vi como triste es que se encontraba ya malo pero no pensaba que tuviera el paludismo aunque no pudo seguir conduciendo. Ha sido esta mañana cuando le ha dado la crisis fuerte y Elvira lo ha estado cuidando poniéndole compresas de agua en la cabeza para aliviarle un poco. Jose Manuel también le ha cuidado y a los dos les agradezco muchísimo los cuidados y atenciones que han tenido con mi gran amigo (aunque a veces nos peleemos).

Cuando le dije a Luis que si querían que ellos siguieran porque nos íbamos a Libreville y no hacía falta que fuéramos todos, nos dijo que también se venían, que si fuera por papeles o averías que no pero por uno del grupo y más Jordi que es amigo suyo, pues que tiraba con nosotros y aquí que nos vinimos. Según nos acercábamos a la costa, hacía más calor y se sudaba más. La selva se fue degradando y cada vez había más casas a lo largo de la carretera. Llegamos a la provincia de Estuario que está llena de ríos que desembocan en la gran ría donde está la capital. Cruzamos varios ríos de más de doscientos metros de anchura y vimos grandes colas de camiones parados que se prolongaban durante kms porque resulta que no pueden cruzar los puentes y deben hacerlo en barcazas. Llegamos a la ciudad y como tenía la coordenada, nos dirigimos siguiendo el camino más corto que no era por lo turístico de la ciudad precisamente pero llegamos perfectamente cruzando unos barrios que dejaban un poco que desear y ya cerca del alojamiento donde se encontraba Jordi, al coche de Jordi Fernández, al pasar, unos chavales le dieron unos golpes aunque yo creo más bien que fue por hacer la gracia que violencia pero yo no lo vi así que realmente no lo sé. La ciudad, por estar en la costa tiene una humedad tremenda y, además, hace calor por lo que estamos venga a sudar.
Lo primero que hicimos fue ir a ver a Jordi y ya estaba muchísimo mejor, lo peor había pasado por la mañana y se alegró de vernos allí más que nada porque nos dijo que no fuéramos para no retrasar el grupo. Hablé con nuestro doctor Salas que dijo que lo que estaba haciendo Jordi era lo correcto pero de todas maneras mañana nos dirá si debe hacer algo más o no pues es la octava vez que le da a Jordi y hablará con los de Sanidad Exterior para verificar. Jordi dice que nos marchemos mañana pero Dios dirá, todo depende de cómo se levante pero en principio creemos que necesita reposo en condiciones.


La noche de los elefantes. Pueblo de Lopé

Ya he dicho que hemos acampado dentro del recinto alambrado de un pequeño motel que tiene un jardín de hierba enorme sin nada salvo cuatro árboles en un extremo y dos cerca de las casas al lado de la valla de alambre y precisamente allí es donde montamos las tiendas a escasamente dos metros de dicha valla. Pues estábamos durmiendo bajo el árbol porque estaba liso ahí y para que no nos molestara tanto la luna llena, Mar en su tienda, Emilio en la de Paloma situada enfrente y Paloma y yo al aire libre pues hacía mucho calor y se estaba bastante mejor y parecía que no había bichos. De repente me he despertado por unos ruidos muy fuertes al lado de nosotros, me incorporo medio dormido y veo unas cosas muy grandes moverse, abro bien los ojos y lo que veo me despeja del todo, a dos metros de nosotros había una pequeña manada de elefantes que hacían un ruido bestial al andar y arrancar ramas para comer. Despierto a Paloma que también se queda atónita ante la vista de semejante espectáculo pero yo recordé al momento lo que nos dijo esa tarde el guía, que no están habituados todavía a la presencia  humana y que pueden ser peligrosos. De repente Mar saca la cabeza por la puerta de la tienda y nos pregunta que pasa y le contestamos que hay elefantes como si fuera lo más normal del mundo, había cinco y me doy cuenta que están en el  jardín dentro ramaleando la hierba. Este espectáculo duro unos pocos minutos y el ver a los elefantes con una perspectiva  desde casi el suelo hacía que parecieran más grande de lo que en realidad debían de ser, de unos tres o cuatro metros a la cabeza pero parecían de mayor tamaño. En esto que de repente el más grande de todos y que era el más cercano, se vuelve inesperadamente hacia nosotros, levanta la cabeza con sus grandes colmillos a la vez que despliega las orejas y llevando la trompa a su punto más alto barrita a lo bestia. Yo di un salto aunque volví a agacharme pero el elefante dio dos pasos hacia adelante y yo pensé que pisaba la tienda de Mar con ella asomada que ni se movió. El resto de los elefantes comenzaron a salir del recinto al trote y tan bruscamente como se había enfrentado, el gran elefante dio la vuelta y desapareció. Dejé pasar unos instantes y me levanté comprobando que la valla la habían tirado y pisoteado pese a ser de espino y los barrotes de hierro. Salí pasando por encima de la alambrada y pude escuchar el sonido de los elefantes que se alejaban hacia la selva. Regresé y nos quedamos un ratito hablando de lo que acababa de pasar porque fue algo impresionante. Todavía no sé bien lo que sentí porque jamás lo había sentido pero fue bestial aunque también pase miedo. Los elefantes no nos picaron pero sí que lo hicieron unos bichitos que no sé que eran y que me dejaron llenos los dos brazos de picaduras a lo bestia aunque no siento ningún tipo de picor.


6 de mayo de 2012. Reserva de Lopé

Esta mañana nos hemos ido todos menos Leo y Vicente que querían irse con tranquilidad a Libreville, con los dos guías del parque. Primero hemos pasado por las oficinas para registrarnos, donde también tienen un pequeño museo y por unos caminos hemos llegado al borde de la selva dejando los coches allí. En un par de pasos, la selva ya nos había devorado y si parabas un par de segundos dejabas de ver a los de delante. Un guía iba delante y otro detrás. Antes de partir nos habían dicho que en caso de ataque de cualquier animal, el primer guía se encargaría de distraerlo y el segundo de ponernos en lugar seguro, lo que nos hacía pensar que habría bastantes animalitos en el interior de la jungla. Nuestro primer guía, que se llamaba John, en vez de un machete para ir abriendo paso llevaba unas tijeras como las que usa la gente para podar flores y se liaba a ir cortando ramas por aquí y por allí. Me parece que la época de Livingstone ya ha acabó. La humedad era tremenda y enseguida rompimos todos a sudar. No es que hiciera un gran calor pero sí que se sentía una gran humedad y no corría nada de viento. En las zonas en las que encontrábamos algún claro, desaparecía la humedad y se estaba de maravilla. Podíamos ver grandes Irocos y unos árboles tremendos con troncos de tres y cuatro metros de diámetro y muy altos que ellos nos dijeron que los llamban mohami y que tenían más de trescientos años de antigüedad. También nos explicó John que intentáramos no hacer ruido y hablar bajito pero yo creo que a pesar del intento por parte de todos de no hacer ruido al andar, cualquier animal nos podía escuchar a un km. El primer guía iba siguiendo rastros y encontramos las deposiciones de un elefante de ayer mismo pero también las de un chimpancé de unos cuantos días más y bastantes de antílopes pero no conseguimos ver a ningún animal salvo unos pájaros. Hubo un momento en el que John se quedó muy quieto haciéndonos una señal imperiosa de que nos parásemos y pudimos escuchar nítidamente el ruido que hacía un gran mono muy cerca de nosotros, no lo podíamos ver por la espesura pero por el sonido nos dábamos cuenta de que estaba a nuestro lado aunque pronto nos debió descubrir porque cesó bruscamente el ruido que hacía. Lo que sí que veíamos muy a menudo eran gusanos en el suelo que se revolvían a nuestro paso. La verdad es que se sentía algo especial paseando por esta selva. En las zonas frondosas casi no había ni luz y en las que entraban pequeños rayos podíamos ver que todo era de color verde, no había prácticamente flores salvo unas rojas muy pequeñitas y muchos troncos de los árboles estaban llenos de enredaderas que ascendían por ellos o por las lianas que colgaban de las ramas altas de los árboles.

Tras el paseo regresamos a la Lopé a comer y justo cuando íbamos a salir de nuevo pero con los coches para recorrer la sabana se puso a diluviar. Parecía que no iba a parar pero Saturnino, el otro guía nos dijo que si llovía así, en plan calabobos, los animales se veían muy bien porque salían del bosque, así que nos pusimos en marcha. Pronto Saturnino, que iba con nosotros (John iba en el coche de Jordi y Carles), avistó una manada de búfalos al borde de la selva. Hicimos fotos pero en cuanto quisimos acercarnos (realmente fui yo el único que quiso), comenzaron a meterse en la selva y dejamos de verlos. Continuando por el camino encontramos una manada de elefantes hembras con sus elefantitos. Estábamos lejos pero aún así, un componente de la manada se volvía de frente hacia donde estábamos echando las orejas hacia adelante pero enseguida se volvía atrás. Emilio, Carles y yo quisimos hacer alguna foto desde más cerca pero paso lo mismo que con los búfalos, que desaparecieron en la espesura como si fueran fantasmas. El camino era realmente un camino solamente para todo terrenos en el que tuvimos que pasar un par de puentes de esos que casi es mejor no mirar porque el coche entraba justito, un Hammer no pasa ni de broma. La verdad es que era entretenido tener que buscar a los animales o los indicios de si habían estado por ahí hace poco. El paisaje era precioso por lo que aunque no vimos más animales lo pasamos de maravilla. Cuando regresábamos encontramos a unos australianos que habíamos visto al medio día en el pueblo y que iban con otro guía que le dijo al nuestro un lugar donde habían visto elefantes y nos fuimos para allá pero no los pudimos encontrar pero sí que vimos un antílope que cruzó el camino delante de nosotros.

Como habíamos comentado al guía que nos hubiera gustado mucho entrar en la selva con el coche, ya casi de noche nos llevó por un camino estrecho que se adentraba en la selva que estaba a oscuras del todo. Tuvimos que subir las ventanillas porque nos dijo que había hormigas muy pequeñas en las hojas y al pasar con el coche se metían por las ventanillas y picaban muchísimo. De repente vimos cruzar un elefante no muy grande por delante de nosotros y meterse en la espesura pero no sé que estarían mirando Paloma, Mar y Emilio que no lo vieron. Paré en el lugar por donde desapareció el paquidermo y pudimos ver sus huellas pero no había ni rastro de él y lo más increíble es que la espesura no tenía las ramas rotas por donde se había metido, es como si hubiera entrado por una puerta y la hubiera cerrado después. Como por la emisora no nos escuchaba Luis, me quise bajar para decirle porque habíamos parado pero el guía no me dejó porque me dijo que el elefante podía estar todavía cerca y viéndonos y podía atacar, así que continuamos por la selva. El camino era muy estrecho por la gran cantidad de ramas que lo cerraban y  tras una curva encontramos otro puentecito de esos estrechos y así a oscuras, con las luces del coche nada más, parecía más pequeño y que no iba a caber el coche pero como el guía no decía nada de nada, apoyé las ruedas delanteras, esperé unos segundos y crucé sin problemas pero realmente pensando que nos íbamos a caer al río porque no entraba en las traviesas del puente.


5 de mayo de 2012. Reserva de Lopé (hemisferio sur)

Nos levantamos en cuanto salió el sol. Jordi, ya que se había sacado casi todo el equipaje de la parte de arriba del remolque, aprovechó para mirar lo que había en la parte de abajo y vio que el embrague de recambio estaba oxidado porque se había mojado con las lluvias, (el otro día con Paloma y Mar sacamos todo para que se secara en Kribi pero no miramos lo de dentro de las cajas y, de todas las maneras, con la lluvia, pues entra el agua en el remolque, se volvió a mojar) así que decidió sacarlo todo del remolque para ver en que estado está. El resto nos fuimos pues no pintábamos nada allí. La carretera estaba en obras y había muchos tramos malos, además también vimos muchos árboles caídos en la carretera pero ya los habían cortado para permitir el paso. Pronto llegamos al cruce en el que continuamos por la carretera tras haber desayunado un bocadillo de tortilla y alitas de pollo en un restaurante popular al lado de la rotonda del cruce. Iba fatal de combustible y creía que no iba a llegar a Ndojemé que es donde había una gasolinera. Primero pasamos por el ecuador de la tierra. Íbamos muy atentos a las coordenadas de gps para ver cuando pasábamos por el ecuador pero había un cartel en ese sitio para indicarlo aunque no llevaras el gps y allí que paramos e hicimos fotos.

Por fin llegamos a la gasolinera de milagro pues el indicador del combustible marcaba por el suelo casi y llenamos todos los depósitos de los coches aprovechando para comprar pues había tiendas y mercado. Para coger la pista hacia el parque teníamos que retroceder treinta kms por el camino y nos cruzamos con Jordi. Nos paramos para saludarle y vi que parecía preocupado pero no me dijo nada. Continuamos y enseguida nos desviamos de la carretera principal por un puente metálico para cruzar un gran rio y al poco comenzaba la pista que era preciosa entre la selva que nos quedaba a ambos lados. Íbamos subiendo y bajando continuamente aunque la altura era poca. Llegamos a un punto en el que podíamos ver preciosos prados verdes con la selva al fondo (recordando el título de Heminway “las verdes colinas de África”). Por un gran puente cruzamos otro río que bordea el parque y que llevaba una cantidad de agua tremenda teniendo más de cuatrocientos metros de orilla a orilla aunque parecía venir desbordado. La pista no llevaba nada de tráfico salvo algún tráiler que encontramos en ambos sentidos en los cien kms que recorrimos. Encontramos una señal de animales que tenía dibujado un elefante  y le hicimos todos fotos, animados por la idea de poder encontrar elefantes por la pista. Cuando llegamos al pequeño pueblo de Lopé pudimos ver a nuestros primeros elefantes al lado del pueblo, fue una pasada ver los grandes animales tan cerca. Son elefantes de bosque por lo que son algo más pequeños y que salen de la selva para ir a comer lo que planta la gente del pueblo (hasta hace poco no plantaban nada) y por la noche hacían ruido y les tiraban petardos para asustarlos y que regresaran a su hábitat. En este pueblo es donde se contratan las excursiones por la reserva, así que conseguimos localizar a uno y quedamos con él para mañana para hacer una excursión andando por la selva por la mañana y otra con el coche por la tarde.

En el pueblo hay un gran lodge en la orilla del río muy bonito y caro  y luego en el pueblo una casa de madera con habitaciones ventiladas y baño fuera. Un poco más lejos está el motel Ebamy. Luis y los suyos se fueron al lodge  y Vicente y Leo al motel, nosotros estábamos pensando si acampar por ahí pero vino Leo a decirnos que nos dejaban acampar en el jardín del motel por tres mil cefas por lo que sin pensárnoslo nos fuimos a plantar las tiendas allí.


4 mayo de 2012. Poblado en la carretera cerca del ecuador. Gabón

Ayer día tres, fue mi cumpleaños pero a pesar de ello amaneció lloviendo a mares, así que un poco mojados nos fuimos al hospital donde dejamos un poco de comida para los niños y nos despedimos de la gente del hospital. Es lo malo cuando estás tanto tiempo en un sitio, que haces amigos y luego vienen las despedidas. Luego nos tomamos nuestra última tortilla con espaguetis y regresamos al hotel para esperar a que llegara Jordi con los pasaportes. A pesar de ser un fuera de serie para conseguir visados y de que Vicente se marchó a Yaoundé para hablar personalmente con la embajada del Congo Kinsasha, no pudieron conseguir dicho visado. Nos pusimos todos en marcha para coger la pista a Ebolowa. El grupo de Luis había tenido por lo visto un incidente desagradable en una pista el día anterior y pensaban que era la misma pista por lo que estaban reacios a seguir pero una vez que comprobaron que no era la pista que ellos habían seguido, disfrutaron del camino. La pista se internaba por la selva que durante muchos kms era fundamentalmente de bambús. La lluvia había creado charcos tremendos que en alguna ocasión tapaban las ruedas del remolque. Vimos muchos pobladitos pero en todos sitios los chavales pedían e incluso los no tan chavales. La circulación era preciosa y pasada casi la mitad del recorrido mejoró notablemente la pista siendo muy buena. También notamos mejoría en loa poblados pues se veían mucho mejor conservadas las casas. Por supuesto, siempre con las tumbas en los jardines. Comimos en el medio de la pista con cierto desagrado por parte de todos porque no se había dicho nada y no se iba preparado para ello porque todos los días comíamos en algún chiringuito del camino pero en esta ocasión Jordi dijo que era mejor no hacerlo puesto que estaban venga a pedirnos cuando pasábamos.

A media tarde llegábamos a Ebolowa y cogíamos la carretera hacia la frontera parando a dormir en una población cercana a la misma. Una vez instalados unos en el hotel cutre y otros en el que era mejor, nos fuimos a cenar Paloma, Mar, Elvira, Pere, Emilio y yo. La verdad es que el ambiente del grupo ha mejorado mucho (a pesar de las bromas de muy mal gusto por parte de un integrante del grupo en un par de visados). Nos pusimos morados de unos pinchitos de carne muy ricos de sabor, algo picantes pero muy duros, de plátano frito en tiras finas que viene a ser como patatas fritas aquí y cervezas frías de verdad.
Esta mañana amaneció con niebla pero al poco de ponernos en marcha desapareció dejándonos ver una selva espectacular. Enseguida llegamos a la frontera. Todos llevábamos los mismos pasaportes menos el grupo de Luis a los que les pusieron el visado de Gabón en el segundo pasaporte. Tuvimos suerte y no miraron nada salvo exclusivamente si teníamos el visado. Por supuesto nuestro segundo pasaporte es legal pero vete a explicarlo en la aduana y que lo entiendan. Nos dijeron que el visado se puede sacar en la misma frontera sin ningún problema. Como en la entrada de Gabón no tenían hojas para rellenar para todos, tuvimos que parar en Bitam lo que nos llevó bastante rato, además, como el Race con todos los follones que tuvimos para el carnet de passage no me ha dado el de 25 hojas sino el de diez y se está gastando, pues sacamos en un momento un pasavant aunque el de la aduana, bastante borde, nos dijo que no hacía falta pero no nos quedábamos tranquilos y al final nos lo dio y sin cobrarnos nada.

La altitud de la zona que recorremos no llega a los 700 m. pero como continuamente hay subidas y bajadas, da la impresión de ser montañoso. En la parte alta de las subidas podemos contemplar muchas veces montañas y montañas verdes de una selva cerrada en la que se dibujan grandes árboles en las siluetas de las montañas. También hemos visto muchas pistas que se usan para los camiones que van a recoger la madera de los árboles que talan selva adentro. En la carretera se pueden ver camiones transportando enormes troncos. No hay muchos coches ni camiones salvo los madereros pero sí que se ven furgonetas que son como autobuses pequeños para el traslado de la gente entre los pueblos.

Hemos parado a dormir delante de un colegio en un poblado pegado a la carretera donde Jordi ha pedido hospitalidad. La luna ilumina el campamento y parecía que íbamos a tener un buen ambiente para hacer una cena rica pero sin saber porqué, todo ha quedado en agua de borrajas.

Esta mañana Vicente ha hablado con el primer secretario de la embajada del Congo Kinsasha y nos ha confirmado que el lunes nos hace por la mañana el visado pagando un suplemento por la urgencia, así que el domingo se irán a Libreville. A Jordi, un buen amigo le había dicho que las reservas al sur de la capital son preciosas pero resulta que están lejos y hay que llegar hasta ellas en avión así que como tenemos al lado la reserva de Lopé y dos días por delante de espera para los visados, pues la gran mayoría ha preferido quedarse por aquí (los que vayan a Libreville tendrán que pasar por aquí otra vez a la vuelta) e ir a la reserva para enterarnos que animales se pueden ver realmente por allí y saber los precios y cuando estemos allí, ya veremos si nos quedamos o nos marchamos a la capital o un poco de cada. Como el pupitas pierde valvulina por la homocinética y para colmo de males tiene un problema de dirección que hay que arreglar, se irán al primer taller más cercano y cuando el coche esté arreglado ya verán que hacen aunque preferían ir a Libreville. La pena es que Pere y Elvira querían venirse y se van a tener que aguantar ya que van dentro del pupitas. También es una faena que no llevamos ni el remolque ni el material de cocina para estos días pues se lo lleva Jordi ya que por pistas preferimos no meterlo para evitar algún disgusto y los cacharros van en la baca del coche de Jordi y no me caben en la mía que está llena.


2 de mayo de 2012. Kribi


Hoy era un día de hacer cosas porque mañana nos marchamos, así que nos fuimos con el remolque para arreglar las bisagras que se habían roto y de paso una rueda que pierde aire muy despacito. Al remolque le soldaron las bisagras pero si abrías la puerta se rompía por otro lado, volvían a soldar y se partía por otro, además, vimos que las bisagras de la puerta de al lado estaban también rotas menos una y por eso la puerta no se caía. El soldador me dijo que las bisagras estaban gripadas y que había que poner otras nuevas que es lo que hicimos y ahora se abre y cierra de maravilla, mejor que antes. Lo de la pérdida de aire, lógicamente era un pequeño pinchazo pero estas dos cosas nos llevaron la mañana entera. Por la tarde hicimos las nuevas listas y nos conectamos a internet regresando ya de noche. Como mañana es mi cumpleaños y no sé donde estaremos, aproveché para invitar a cenar al grupo pero Leo está malo de la tripa otra vez y Pere y Elvira ya habían tomado algo y estaban durmiendo, así que nos fuimos Paloma, Mar y Emilio al primer sitio donde comimos pescado que para nosotros es el mejor y me encendieron unas velas para soplar puestas encima de las patatas fritas mientras me cantaban la canción de cumpleaños. Por cierto, que Mar se dio cuenta que no cumplo 49 sino 48 y resulta que llevo todo el año pensando que tenía 48 y tenía 47, así que es como si me regalaran un año más, jajajaja


1 de mayo de 2012. Kribi

La mañana amaneció nublada pero sin llover y la cocinera de Santiago a la que pido perdón por no recordar su nombre, nos había preparado un desayuno impresionante teniendo en cuenta donde estábamos. Nos hubiera encantado contratarla para el resto del viaje y de hecho se lo preguntamos si vendría pero dijo que no porque tiene un niño de cinco meses y que ahora no lo había traído por la lluvia. Eva, casi te quedas sin tu plaza, jajaja. Por la noche había habido un follón tremendo en la familia, el marido de la mujer que le dijo que ya no era su mujer, había tirado la casa de la mujer y la madre de él se enfadó mucho, así que ahora estaba todo revuelto y la mujer que se quería divorciar estaba sentada sola sin hablar delante de su casa que tenía el techo hundido.

Al regresar hacia el río, lo hicimos por otro camino diferente y pudimos ver que relativamente cerca había otro poblado al que iban por la noche. Los pequeños arroyos del día anterior, con la lluvia ahora eran arroyos enormes en los que te veías obligado a cruzar con el agua casi hasta la rodilla y con un palo largo en una mano para ayudarnos por las ramas y piedras que había. Emilio iba llevando sus cosas y caminaba como uno más sin una sola queja, todo un fenómeno. La vuelta en la canoa con la corriente a favor, favoreció un regreso más rápido pero igual de bonito que a la ida. La verdad es que lo pasamos realmente bien y haber vivido estas horas en la selva ha sido fantástico y seguro que vuelvo.

Cuando volvemos todos en el coche hacia el hotel, en el control, que nunca nos dicen nada, van y nos paran. Un policía con cara de pocos amigos nos pide el pasaporte y como no los tenemos porque los tiene Jordi, nos hacemos los locos, que no entendemos absolutamente nada de ningún idioma que no sea el español y le repetimos que somos turistas y el nombre del hotel. El agente algo mosqueado entonces nos pide los papeles del coche y me doy cuenta que me los he dejado en el hotel, así que seguimos con el paripé, el tío nos grita, nos insulta, intenta abrir mi puerta para hacernos bajar pero no pudo abrirla porque está un poco dura últimamente. Yo sonriendo todo el rato y diciéndole que no entendía que me decía y él que se ponía más nervioso. Menos mal que pasó una moto y se fue para pedirles la documentación, así que nosotros tranquilos ahí esperando a que volviera a ver que nos hacía pero de repente vino el que debía ser el jefe del puesto y nos dijo que nos fuéramos pero no nos atrevíamos porque como no sabíamos que era el jefe, pues por si las moscas pero le vimos hablar con el otro y hacernos nuevamente señas para irnos, así que arrancamos y diciendo adiós amablemente nos fuimos.

Como es la fiesta del trabajo sabíamos por Santiago que hacían una especie de desfile en el pueblo, por lo que al llegar al hotel, pedimos permiso para poner las tiendas a secar en el jardín y nos fuimos pitando a verlo. La verdad es que estuvo muy entretenido aunque hacía bastante calor. Desfilaron diferentes pastelerías llevando panes en la mano, la asociación contra el sida que regalaba condones, los trabajadores chinos que hay por aquí, los taximotos, etc., todo el mundo estaba allí o bien participando o bien viéndolo y por supuesto, el desfile era ante todas las autoridades de la ciudad.


30 de abril de 2012. Río Lobé, selva (parte dos)


Montamos las tiendas mientras el grupo de Luis hacia fotos y luego, como no quedaba mucha luz, nos dijeron que si queríamos ir a la selva a cazar. Los de Luis no podían porque ellos regresaban, no hacían noche pero nosotros sí, como locos. Yo dije de llevar los impermeables porque estaba negro y se escuchaban truenos no muy lejanos pero el jefe dijo que tardaría horas en llover, como así fue, por lo que nos fuimos todos muy emocionados. Lógicamente todos podréis pensar que íbamos en silencio al acecho pero nada más lejos de la realidad, iban dando gritos que no comprendíamos  pero pronto encontramos la madriguera de una rata que quisieron cazar para cocinarla luego para nosotros que estábamos encantados de la vida. Había dos agujeros y en uno hicieron fuego y con unas hojas, a modo de abanico iban echando el humo dentro y en la salida estaba un niño con una lanza presto para la caza pero cuando llevábamos un rato allí (la verdad es que tanto rato mirando sin hacer nada cansaba un poco), comenzó a salir humo por un tercer agujero. Se quitaron de allí y nos comunicaron que si hay tres agujeros es porque ha llegado una serpiente que seguramente que se haya comido a la rata, así que nos quedamos sin cena. Regresamos por otro lado y nos hicieron una muestra de cómo cazan con trampas y en veinte minutos hicieron una que funcionó perfectamente de una forma increíble. No la hicieron para cazar nada, sino para que viéramos como podían cazar monos u otros animales, aunque monos ya casi no quedan. Cortaron cortezas de diferentes árboles y nos explicaron que se usan para diferentes dolores (se las llevaron) y también nos enseñaron una rama llena de pinchos que parecía una sierra explicando que con esas ramas cortan el cordón umbilical de los niños cuando nacen. La parturienta cuando siente que va a nacer el hijo se adentra en la selva con otra mujer o varias y tiene allí a la criatura. Madre mía cuantos niños habrán muerto y cuantas madres también y lo mal que lo habrán pasado cientos de ellas
Cuando llegamos de noche al campamento, Luis ya se había ido y la cena la estaban preparando. Se puso a llover pero se escuchaba el ruido de la lluvia por arriba y nos caía poco agua, así que nos quitamos los anoracs. La cena estuvo lista pronto, una gran fuente de espaguetis riquísimos que devoramos como si no hubiésemos comido en días. Santiago nos explicó que la familia ya habían cenado, lo hacen en cuanto tienen hambre pero nos trajeron un trozo de su comida para que la pudiésemos probar, era un trozo de pescado bastante picante pero lleno de espinas, así que seguimos con los espaguetis que no sobraron y hasta Mar repitió, yo me comí tres platos.

En el medio de la explanada habían acumulado un montón de troncos enormes y ardían bien a pesar de parecer verdes y mojados. La familia estaba a lo suyo hablando de sus cosas, nosotros sentados en dos bancos hablando de lo nuestro y los niños algo más lejos jugando a algo de saltar y cantar. Un señor de la familia nos presentó a su mujer y ella dijo que ya no era su mujer y que se iba, así que hubo discusión y desaparecieron de la vista. Mientras, los niños comenzaron a cantar más fuerte haciendo ruido con unos palos y pronto el resto de la familia se sentó detrás de la gran rama de bambú con palos en la mano y se pusieron a tocar siempre la misma melodía, tatata tata, tatata tata. El sonido era impresionante y la reverberación producida en los árboles hacía un gran estruendo pero agradable a la vez, enseguida comenzaron a cantar y un poco más tarde a bailar, lo hacían de uno en uno como si cada cual se expresara corporalmente a lo que la música le decía, nadie lo hacía igual. Yo comentaba con Mar que el pobre niño pequeñito debería estar sin dormir y llorando con el estruendo pero me dijo que igual cuando no dormía bien era cuando no escuchaba el ruido y en ese momento vimos a la madre con el niño ponerle a bailar llevándolo con los brazos levantados y el niño tan feliz.

La hoguera producía un gran calor, yo lo notaba muchísimo y no podía estar sentado en los bancos porque me asaba, no comprendo como el resto del grupo podían estar allí sentados tan panchos. El caso es que me veía obligado a retirarme bastante y sentarme en un pequeño tronco en el suelo que me permitía pasar desapercibido. La danza cambió, ahora consistía en que había varias personas que estaban de pie y uno bailaba, hacía unos pasos de baile y se plantaba delante de otro participante y éste entonces hacía unos pasos parecidos y elegía a otro para que bailara. Santiago animó al grupo a ponerse de pie y pronto uno de los danzantes eligió a uno de nuestro grupo que efectuó muy bien unos pasos parecidos y eligió a un pigmeo y así todos comenzaron a bailar haciéndolo realmente bien, la verdad es que me dejaron sorprendido porque parecía que habían ido a clases para hacerlo aquí muy bien después. Al final lo dejaron sudorosos y cansados. Como yo seguía con mis calores, vi que habían dejado sitio en un extremo de la casa grande detrás del gran tambor de bambú y como eso estaba más alejado de la gran fogata (lastima no haber tenido patatas para asar), me senté allí. Los niños se me iban acercando, se ponían cerca pero no me miraban o lo hacían de reojo, entonces una niña de repente se sentó a mi lado apoyándose en mí y al momento el resto de los niños hizo lo mismo y luego vinieron los juegos y debía jugar con todos de uno en uno porque establecían turnos, fue un largo rato muy divertido. Venía la hora de acostarnos pero a los pigmeos no se lo parecía porque seguían dándole a los tambores y cantando voz en grito. Yo decidí poner mi colchoneta fuera que hacía menos calor que en la tienda que la compartía con Mar y Paloma y Santiago lo hacía con Vicente para dejar una tienda a la cocinera que por no ser de esta familia pigmea no podía dormir en una de las casitas. Finalmente Emilio tenía una tienda y las otras dos españolas otra pero sin colchoneta las pobres.

Los truenos arreciaron y los relámpagos se veían cada vez mejor, pronto comenzó a llover y antes de que lo hiciera más, me metí en la tienda en la que hacía bastante calor pero no podíamos tener la puerta abierta por la lluvia. A la tribu de los bagateli parecía que no les importaba nada la lluvia porque seguían con lo suyo. De repente escuchamos gritos que parecían de discusión y movimiento de la gente. Santiago, medio dormido salió a decirles que se callaran un poco y al volver se confundió de tienda porque son iguales y se metió en la de las chicas. Éstas, al notar que abrían la tienda y que alguien les tocaba los pies, pensaron que era uno de los pigmeos y no se atrevieron casi ni a gritar, por fin dijeron que quien era y Santiago al darse cuenta del error le dio la risa y se quedó allí frito. De repente arrancó la lluvia de verdad, como sólo lo hace en África y si Asterix y Obelix hubieran estado aquí, hubieran creído de verdad que el cielo caía sobre sus cabezas. El agua caía como si hubiéramos montado la tienda de bajo de una cascada. Los rayos iluminaban tanto que pese a estar dentro de la tienda te cegaban. Los truenos se sucedían con gran rapidez pero hubo dos en especial que parecieron dos explosiones notando la vibración del sonido en el cuerpo. La verdad es que daba bastante miedo y yo pensaba que como algún rayo cayera en uno de los árboles de al lado, nos íbamos a enterar. Los pigmeos siguieron cantando, notábamos por los gritos que daban que  iban a la selva, que volvían, vamos, que menos dormir hemos hecho de todo por la noche.


30 de abril de 2012. Río Lobé, selva


Cuando la gente se imagina el desierto lo hace creyendo que está lleno de dunas y cuando llega al desierto espera, por tanto, ver dunas y más dunas, así que a pesar de llevarle por el desierto, por las hamadas, hasta que no llegamos a las dunas no siente que está en el desierto de verdad. Lo mismo pasa con el África negra, tenemos la imagen de las tribus salvajes bailando alrededor del fuego en un poblado en el interior de la selva y a pesar de llevar meses por el África negra, hasta hace poco no lo hemos sentido de verdad en este poblado pigmeo en el cual pasamos noche. Pero vayamos por partes de manera cronológica.

Para empezar el día, nos fuimos donde siempre a desayunar y esta vez Paloma también se animó a tomar un bocadillo de tortilla con espaguetis. Regresamos al hotel para coger el coche e irnos a Internet al hotel de siempre con el aire acondicionado pero se nos ocurrió intentar ir más directos y nos perdimos de la forma más tonta en Kribi y eso que no es muy grande por lo que no teníamos mucho tiempo para conectarnos porque a las doce debíamos estar de vuelta para dejar las habitaciones ya que hoy nos íbamos a dormir aquí, en la selva. Esta vez sí que nos cobraron por conectarnos a pesar de haber tomado consumiciones caritas, la siguiente vez que vayamos sale más barato pagar la conexión que tomar algo. De regreso preparamos todo para la excursión, las tiendas, colchonetas y demás cosas. Santiago se ocupaba de las canoas, cocinera, cena y desayuno, es decir, de la logística. En el precio había una parte que era para la asociación de pigmeos y se compraba comida no solo para nosotros, sino para todo el poblado que suelen ser pequeños. Esto lo hacíamos a través de la empresa de ecoturismo de Santiago que vino acompañado por dos españolas más que acababan de llegar aquí y que también querían ir a verlo por lo que todos no cabíamos en el coche, así que se fueron los tres en un taxi moto hasta el puente de donde salen las canoas. Nosotros íbamos Paloma, Mar, Vicente, Emilio y el grupo de Luis Pont.

Quiero hablar un poco más de Emilio. Este señor era una persona inteligente, hablaba cuatro idiomas pero hace un par de años le dio una embolia con el resultado de quedar casi hemipléjico y sin poder hablar. Hoy día habla bastante bien pero solo en español y le cuesta andar. Un brazo no lo puede mover. En vez de quedarse en casa sigue haciendo lo que siempre ha hecho y que es lo que más le gusta, viajar, así que con un par de eso, se apuntó a este viaje de aventura que ya es duro para nosotros, mucho más para él pero no le asusta. Desde aquí te mandamos ánimos para que termines el viaje.

Bueno, de la pista del puente al río hay que bajar, así que Emilio coge su petate y de una patada lo hace rodar hasta las canoas y agarrándose a la barandilla baja solo hasta las embarcaciones. Sacamos todo el material, aparcamos los coches un poco más lejos al lado de una casa donde vive uno de las canoas y embarcamos. Todos vamos en una canoa grande movida por tres remeros y las cosas y Joan van en otra más pequeña con la cocinera y sus pertrechos.

El paseo río arriba entre la selva era lento debido a la corriente y el peso de la embarcación pero maravilloso, podíamos ver unas grandes flores blancas que no habíamos visto hasta ahora, árboles altísimos de los que colgaban lianas y aunque no veíamos pájaros, los escuchábamos. Uno de los sonidos que podíamos oír era el típico piar de algún pájaro que siempre se escucha en las películas en la selva o incluso en algunos documentales. De repente, de entre la maraña de vegetación de la orilla salía alguna canoa con algún negro y cestas para las gambas ya que muchos viven de la cría y venta de estos animales acuáticos. Tal como aparecían, desaparecían en la espesura que sobresalía por encima del río. A parte de estos negros no había nada que pudiera hacer pensar que por allí viven tribus de pigmeos salvo algunas canoas varadas en la orilla.
El ambiente del grupo del barco principal era muy animado y se hizo muy corto el trayecto a pesar de durar un buen rato. El desembarco se hizo en un lugar complicado porque según salías era en cuesta y resbalabas con la hierba mojada, a todos nos costaba salir de la barca sin caernos. Los indígenas que nos habían acompañado ayudaron amablemente a Emilio a subir la cuesta admirados de que alguien como él se atreviera a venir y lo comentaron todo el rato y lo felicitaban. Del río pasamos a la selva y enseguida dejamos de verlo. Los árboles desde dentro parecían mucho más altos y no había mucha luz. El camino no era tal, era más bien una vereda poco marcada en la que si te retrasabas dejabas de saber por donde era salvo porque escuchabas a la gente o a veces los distinguías entre las ramas. Pasamos un claro de tres por tres metros en el que había plantado un tubérculo del que sacan la mandioca, a partir de ahí la selva se volvía más intrincada, había pequeños arroyos que cruzar  aunque no cubrían mucho. Jordi Fernández, a pesar de su gota, también se portó porque llegó sin ayuda hasta el poblado.

Aquí viven la tribu de los bagateli y realmente no viven en tribus sino en pequeñas familias, por lo que al llegar al claro de escasa dimensión donde habían construido sus chozas pudimos ver una grande al fondo que realmente eran dos pegadas y con un grueso y largo tronco de bambú delante que tenía la misma longitud que la casa. A la izquierda había dos pequeñas chozas y a la derecha tres. Las chozas, hechas de ramas y hojas en forma cuadrada no más grandes de dos metros de largo, disfrutaban de unos banquitos de bambú. En el lado opuesto a la gran casa y dejando un espacio sin nada, había una gran mesa, para hacernos una idea pero no era su función, de bambús y encima de ahí pusimos todas las cosas para que no se mojaran ya que el suelo estaba mojado. Nuestra primera sorpresa fue que los pigmeos no son tan pequeñitos como creíamos aunque el jefe era el más pequeño de todos. Fuimos presentados y parecía gente agradable aunque estaban un poco a lo suyo. Los niños se dejaban hacer fotos y les gustaba luego verse riendo a carcajadas, no tendrían más de diez años pero había también un bebé de dos meses, así que le recriminamos a Santiago que no nos lo hubiera dicho para haberle llevado cosas que pudiera necesitar, de todas maneras, a través de un intérprete hablamos con la madre que nos dijo que no necesitaba nada porque el niño estaba muy bien. No es que hiciera mucho calor pero la humedad era tremenda, sudabas aunque no hicieras nada de nada.


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- Burkina Faso, Togo y Benin.
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Atar Expeditions.
Mayo 2012.






























































































































































































































































































































































































































































































































































































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