POR EL NORTE DE MARRUECOS: DE CEUTA A MELILLA

DIA 1- Fiesta en “Villa Mercedes”
 
Salimos de casa el sábado después de comer, llenamos el depósito de gasoil y cogimos la autopista, final de etapa: Alcoi.

 A medio camino nos llamó Juanillo y nos dijo que tenía a “dos de nuestro pueblo” en su casa que también bajaban para Marruecos, a saber lo que significaba eso…
 
A las 8 de la tarde llegamos a Alcoi, nos juntamos con Carlos y fuimos a “la caseta” de Velasco y Mari Tere.

Al final nos reunimos un montón de gente, en total 14 mayores y 4 niños, cenamos y estuvimos de fiesta hasta casi las 5 de la madrugada, allí conocimos a “Búbu” de Sabadell y a Joan de Corbera, que efectivamente también bajaban a Marruecos.


DIA 2- Camino a Algeciras

Nos levantamos tarde, desayuno relajado bajo el sol, mucho sueño, mucha pereza y algo de resaca, serían las dos de la tarde cuando nos decidimos a continuar el viaje.

Paramos a comer en el área de “La Paz” con Búbu y Joan, nos separamos en el desvío Almería /Granada-Málaga, ellos cruzarían aquella misma noche desde Almería y nosotros lo haríamos a la mañana siguiente desde Algeciras. Cenamos y dormimos en Gor.  


DIA 3 - Ceuta y primeras pistas por el Rif

El despertador sonó a las 8 en punto, paseo matinal con Eura, café con leche en la cafetería del mismo hotel, llenamos el depósito de gasoil lo justo y ya no paramos hasta Algeciras, donde llegamos sobre las 12 del mediodía. El puerto estaba vacío, tranquilidad absoluta, 45 minutos de travesía y ya estábamos en Ceuta.

Otro paseo con Eura, comimos de Restaurante un pescado muy rico, compras de última hora, carga de gasoil hasta los topes y nos fuimos a la frontera.
 
La frontera estaba muy tranquila, sellamos los pasaportes enseguida pero volvimos a tener problemas con el dichoso papel del coche, pues no les constaba en el ordenador una de las salidas con nuestro antiguo Discovery (nos pasamos el control de salida del vehículo en Beni Enzar hace unos cuantos años y aunque cada vez que nos pasa lo mismo se lo intentamos explicar y pedimos que lo arreglen en sus ordenadores, pues....en eso estamos...).

A las 6 de la tarde entramos en Marruecos, cogimos carretera dirección Tetuán y Oued-Lou, paramos un ratito en la playa para que Eura hiciera un poco de ejercicio y bebiera agua y enseguida cogimos pista.
 
Empezamos a subir montañas, el paisaje era muy guapo, con acantilados al borde del mar y vegetación salvaje, tiramos un montón de kilómetros sin ver a nadie, pero al acercarse la hora de acampar empezaron a aparecer rifeños por todos sitios, docenas, cientos de ellos, de todos los tamaños, formas y colores, hombres, mujeres, niños, con burros, cabras, vacas, ovejas, caballos, arando la tierra, recogiendo hierba, etc., la pista era bastante trialera y los rifeños no habían dejado ni un centímetro cuadrado de ninguna ladera sin cultivar, con lo cual era imposible acampar.
  
Al final, después de alguna que otra “abducción” fuera de los puntos GPS que llevábamos, de perdernos por pueblos literalmente encaramados en la montaña, con casitas de vistosos colores azules y verde turquesa, y callejuelas intransitables, donde nos las vimos negras para dar la vuelta a la pick-up bajo la mirada alucinada de los lugareños, que nos miraban como si fuéramos extraterrestres, conseguimos llegar a una carreterita asfaltada de montaña.

Al lado de la carretera corría un riachuelo, inspeccionamos el entorno y al final cogimos una pequeña pista, cruzamos el río y acampamos escondidos entre la vegetación, casi a la misma orilla del río y al pie de una altísima pared rocosa con algunas buitreras.

No teníamos mucha hambre, solo nos bebimos un plis-plai y picamos algunos cacahuetes, a las 11 ya estábamos en la cama. Suerte de las mantas eléctricas, porque por la noche refrescó bastante. 

 
DIA 4 - Plantaciones de kifi

Nos levantamos y vimos, como era de esperar, que ya teníamos un público muy entregado observando nuestros quehaceres cotidianos, se trataba de un grupito de niños que nos saludaban desde la otra orilla del río, pero no tenían ganas de mojarse los pies y al final se fueron.

Desayunamos, recogimos el campamento y continuamos por la carretera de montaña que dejamos la noche anterior.  

El paisaje era fabuloso, montañas, cañones, caudalosos ríos,... paramos en un lugar precioso, típico sitio del “dominguero marroquí” y como tal lleno de porquería y basura, pero aún estando todo sucio y descuidado el paraje era guapísimo, con un caminito que ascendía por la montaña bordeando el río y algunas pozas de agua de un impresionante tono verde azulado.

Caminamos bastante, intentando llegar hasta un supuesto puente que está situado al final del cañón, pero cada vez el camino era más empinado y como no sabíamos lo que se podría tardar en llegar nos dimos la vuelta.
 
Comimos de picnic en medio de un bosque y seguimos recorriendo el Rif por inacabables pistas.  
A media tarde empezamos a ver las primeras plantaciones de kifi, que en contra de lo que pensábamos no estaban nada escondidas, al contrario, estaban pegadas a la pista, lástima que por estas fechas las plantas estaban aún muy chiquitinas...  

Nos hizo gracia ver con que cuidado y con que mimo una anciana rifeña, ataviada con su falda a rayas rojas y blancas y con el típico sombrero estrafalario de paja con las borlas de colorines colgando, iba regando las plantitas, una a una, con una manguera. 

Se acercaba la hora de acampar, estábamos subiendo una montaña salpicada de casitas y plantaciones por todos los lados, sin indicio alguno de cambio en el paisaje.

De repente vimos un bosque de alcornoques  y no nos lo pensamos dos veces, aunque había un bajo bosque muy denso, con vegetación de todo tipo y no había ningún caminito ni pista a la vista que nos permitiera entrar, nos subimos a un margen y nos metimos de lleno en aquella selva rifeña.

Tampoco pudimos entrar muy adentro pues era imposible pasar con el coche entre tanto árbol y a pocos metros de una aldea acampamos, conscientes de que pronto llegarían las visitas...  

Aunque la temperatura empezaba a bajar por momentos, pues estábamos a bastante altura, Jordi se duchó, yo no me atreví, tenía mucho frío. Luego cenamos tranquilamente, judías al ajoarriero de primero y bonito encebollado de segundo.

Nos acostamos prontito, para variar, intentando que no vieran nuestras luces. Dormimos muy tranquilos, nadie asomo por los alrededores, solo se oía, de vez en cuando, el motor de algún vehículo que circulaba por la pista.      
 

DIA 5 - Medio Atlas, el Jbel Tazeka

Nos levantamos a las 9, casi 12 horas en la cama!!!, dormimos de maravilla, toda la noche con las mantas eléctricas puestas, pero de madrugada se acabó la batería y pasamos un pelín de frío.
  
Hacía muchísimo frío y la ducha no apetecía para nada, solamente me lavé el pelo, para el resto del cuerpo utilicé las sufridas toallitas.

Nos pusimos a desayunar tranquilamente y de repente apareció un grupo de 7 u 8 niños con un numeroso rebaño de cabras, se quedaron alucinados al vernos allí en medio, se olvidaron de las cabras, que empezaron a desaparecer montaña arriba y formaron un corrito a nuestro alrededor, para ellos éramos como el rodaje en directo de la telenovela de la mañana, no perdían detalle de cada uno de nuestros movimientos y tareas matutinas.  

Les dimos camisetas y nos hicimos fotos con ellos, la verdad es que eran muy simpáticos, lo mejor fue ver sus caras cuando se vieron fotografiados en la pantalla de la cámara digital, primero se quedaron con la boca abierta y medio asustados, luego se empezaron a destornillar de risa.
 
Seguimos haciendo pistas por el Rif, pista, pista y más pista, no parábamos de subir y bajar montañas, aquello parecía no tener fin, al final estábamos ya hartos de tanta pista por el Rif y solo deseábamos encontrar algún enlace con el asfalto y recortar camino para irnos hacia el Atlas. 
 
Paramos a comer al lado de un río y a media tarde llegamos a Fez, cogimos un atajo para no meternos de lleno en la ciudad y pasamos por la zona más cutre y pobre, incluso atravesamos un vertedero donde había montones y montones de basura de todo tipo, algunos de ellos a medio quemar, desprendían una humareda que apestaba, y lo más increíble es que toda una familia vivía en medio de aquella “pocilga humeante”.

La parte positiva es que en pocos minutos bordeamos Fez sin ningún problema de tráfico y enseguida encontramos la carretera de Taza. Paramos en una gasolinera y por fin conseguimos tomar el primer te a la menta del viaje, ya teníamos el “mono”.

Cruzamos Taza y cogimos la carretera que sube al Jbel Tazeka, es una carreterita con unas subidas de vértigo y hermosas cascadas y saltos de agua.

Como ya eran casi las ocho de la tarde, nos metimos en un bosque de pinos y montamos el campamento, la temperatura empezó a caer rápidamente,  se notaba que ya estábamos entrando en el Medio Atlas y que estábamos a bastante altura.  

Nos tomamos unos plis-plais y cenamos tortilla de patatas, a eso de las 10 subimos a la tienda, leímos un rato, escuchamos la llamada a la oración del almuecín, indicativo de que por allí cerquita teníamos alguna aldea, y a eso de las 10:30 ya estábamos durmiendo, la temperatura rondaba los 12 grados y bajando, una vez más agradecimos llevar las mantas eléctricas.

 
DIA 6 - Los moteros gallegos

Nos levantamos a las 10, desayunamos y recogimos el campamento, fue el primer día en que no apareció nadie a saludarnos.

Continuamos por carreteritas de alta montaña y nos encontramos con una pareja que iba en bicicleta, paramos para saludarles y charlar un rato con ellos, eran de Almería, auque la chica era alemana, como estaban bien y no les hacía falta nada seguimos nuestro camino, deseándoles suerte con las fuertes subidas.  

Llegamos a una pequeña aldea llamada Merhaoua, allí había 3 chicos que iban en moto y nos hicieron señas para que paráramos, eran 2 gallegos y un holandés (Marcos, Iván y Hermen). Estuvimos charlando un rato con ellos, comentando mapas, pistas y rutas, hasta que nos volvieron a atrapar los ciclistas.

Los moteros continuaron y nosotros nos quedamos con los chicos de las bicicletas a tomar un te a la menta en el único cafetín de la aldea.
  
Después de despedirnos por segunda vez y regalarles unas camisetas para que se pudieran poner ropa limpia al día siguiente, retomamos la carreterita que más adelante se convirtió en pista y volvimos a atrapar a los moteros gallegos.


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Texto y fotos: Jordi y Angels.
Agosto 2008.


























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